La Rioja

EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO

Desde el 1 de abril de 1979 llevaba María Teresa Sánchez Trujillano como directora del Museo de La Rioja. Casi 38 años, que se dice pronto, de los que los últimos lustros han transcurrido preñados de polémicas varias.

Pero como escribió Marcel Proust, autor de 'El busca del tiempo perdido', «allí donde la vida levanta muros, la inteligencia abre una salida». Y eso es, precisamente, lo que necesita el Museo de La Rioja: recuperar el tiempo perdido y encontrar salidas que mejoren, en pleno siglo XXI, una institución que se había quedado anclada en 1980.

Es ingente la labor a la que se van a enfrentar los futuros rectores de la institución, que deben ser designados cuanto antes y bajo los más rigurosos criterios de mérito, científicos y profesionales.

Como medidas de choque, el Museo necesita recuperar la paz social entre el funcionariado, lo que no debería ser muy complicado tras la marcha de la hasta ahora responsable; confeccionar un catálogo serio y riguroso de todas las piezas, labor que no se ha llevado a cabo durante estos 38 años; modificar urgentemente las condiciones en las que muchas de las obras de arte están expuestas al público (vitrinas, iluminación, catenarias...) y que corren el peligro cierto de sufrir daños irreversibles.

Más adelante -primum vivere deinde philosophari-, tiempo habrá para que la nueva dirección se replantee el aburrido discurso expositivo que propone el Museo de La Rioja, así como de impulsar la dinamización de una entidad cultural que debe estar abierta a la sociedad a la que sirve y en continua evolución.