La Rioja

Cuenta atrás para las cabinas

Cabina telefónica en la plaza del Espolón.
Cabina telefónica en la plaza del Espolón. / MIGUEL HERREROS
  • En Logroño sobreviven medio centenar de 'terminales', frente a las cien contabilizadas hace seis años

  • Industria obliga a Telefónica a hacerse cargo del servicio al menos durante el 2017

¿Recuerda cuándo fue la última vez que utilizó una cabina telefónica? Seguramente usted forma parte del 80 por ciento de la población que contestaría que no y, si apenas ha superado la mayoría de edad, quizás no haya reparado siquiera en su existencia. Llevan años olvidadas, ignoradas y en decadencia..., pero deberán seguir en pie... al menos un año más. Es la obligación temporal, prorrogable hasta el 2018, que Industria impuso la semana pasada a Telefónica después de que ningún operador se haya presentado al concurso para renovar este servicio obsoleto, que requiere un coste millonario para mantenerlas (cinco millones anuales) por el vandalismo que sufren.

La intención es darse un tiempo mientras se decide qué se hace con ellas. Esto supone que hasta que el Gobierno determine lo contrario, las populares cabinas deberán estar operativas y Telefónica deberá garantizar este «servicio universal» que obliga, pese a ser un servicio deficitario, a que haya al menos una por cada 3.000 habitantes. En el caso de Logroño, según fuentes del sector, sobreviven en torno a medio centenar, algunas con casi nula utilización y muy deterioradas, sobre todo las más céntricas.

La última renovación del mapa de teléfonos públicos en las calles, avenidas y plazas logroñesas no data, sin embargo, de hace mucho. Telefónica extendió el servicio en el 2011 a los barrios de la periferia y nuevos desarrollos urbanos. El Ayuntamiento autorizó entonces a la operadora la instalación de cabinas en La Cava, Valdegastea, El Arco, El Campillo y Los Lirios. Fue una apuesta por ampliar el servicio, aunque lo cierto es que la intervención también incluyó el desmontaje de hasta 17 unidades en puntos emblemáticos de la ciudad como Duques de Nájera esquina Chile; avenida de España (estación de autobuses), Villegas esquina Escuelas Pías...

Por contra, este mobiliario urbano se respetó en puntos como El Espolón, donde se localizan dos; Portales con Marqués de Vallejo y en la Glorieta, en la esquina con avenida de Navarra... Muchas de estas cabinas se han aprovechado para convertirlas en puntos publicitarios, ya que es unas de las formas más económicas de publicidad dentro de la ciudad y la más visible. En otras ocasiones se han convertido en improvisados paneles informativos con cientos de 'posits' con todo tipo de anuncios de 'se busca' o 'busco'...

En otros países europeos, directamente, las han retirado. Aunque también las han reciclado con otros usos. Es el caso de las encarnadas cabinas londinenses, que se van a transformar en mini lugares de trabajo de tránsito con conexiones wifi, conexión a Internet y puertos USB. También se han transformado en pequeñas bibliotecas públicas como ocurre en Francia o en minúsculas discotecas en el caso de Alemania.

18.000 en España

El futuro de las de Logroño y las otras 18.000 repartidas por todo el territorio nacional es todavía una incógnita. Lo que está claro, según fuentes de Telefónica, es que no son rentables. «El Gobierno paga 1,2 millones anuales cuando Telefónica, que es la que tiene la experiencia de los últimos cinco años, evalúa el coste en cinco millones anuales por el mantenimiento en sí, sobre todo por los destrozos...».

En los últimos siete años, según la compañía, la utilización de las cabinas ha descendido un 89 por ciento a causa del móvil, pero también por la aparición de los locutorios. Sin embargo, desde un punto de vista de servicio, deben seguir operativas. Desde ellas y, si han logrado sobrevivir a las acciones vandálicas, no solo se pueden hacer llamadas, sino también mandar sms, fax o e-mail y hasta recargar los móviles.