La Rioja

NO SERÁ POR NO REIVINDICAR

De la presdisposición reivindicativa del Gobierno regional en materia de infraestructuras sobre su homónimo central nunca me ha cabido la menor duda. Es nula. No hay más que remitirse a las pruebas que adornan su aún breve trayectoria. No hemos conocido en los últimos tiempos ni una palabra con sustancia sobre trenes ya hubieran sido de alta velocidad o de altas prestaciones. Del aeropuerto, ídem de lienzo más allá de una reunión del tan pretenciosamente denominado como efectivamente inútil Comité de Coordinación Aeroportuaria de La Rioja. La presa de Enciso, a nada que se ponga, competirá con el túnel de Piqueras como proyecto más longevo de la historia desde su primera piedra hasta su inauguración. La de Soto-Terroba ha sido víctima colateral del año sin Gobierno y sólo hace unos días la titular del ramo daba el nihil óbstat ministerial a la conclusión de ciertas «obras complementarias». De la liberalización de la AP-68, mejor ni hablar no sea que prorroguen la concesión otros cinco lustros. Y para el prometido desdoblamiento de la N-232 aún deben de quedarnos algunas decenas de muertos que echarnos a la conciencia para que alguien mueva ficha.

Confieso que, atribulado por con este asunto como estaba, en marzo me tranquilizó, pero mucho, el ascenso de Carlos Cuevas al olimpo consejeril. Ya me lo veía yo encadenado a un radiador de Fomento en plan Gandhi pero con corbata. Mas me falló el pesquis. No contaba con todos los pasos de peatones, rotondas o acercas que tenía que inaugurar hoy en Medrano, ayer en Almarza y cualquier rato en Zarratón o por ahí. Luego, si eso, seguro que se pone con lo de la 232. Que no sea por no reivindicar.