La Rioja

Madrid se queda el primer Gordo terminado en 13

  • Una Administración del barrio de Acacias distribuye todas las series del premio más esperado del año, salvo 50 décimos que viajan a Vizcaya en un intercambio

Agustín Ramos estaba abrumado. No podía imaginar que ese número tan feo, que le costó despacharlo en la ventanilla de la Administración número 32 de Madrid le iba a dar una de las mayores alegrías de su vida. El 66513. Ese es el número que le ha cambiado la vida a su familia y a las personas que no se echaron atrás por la subjetividad de su fealdad o del simbolismo del 13. Ese número cayó. Se llevó el primer Gordo de la historia acabado en 13 cuando las manecillas del reloj se acercaban al mediodía.

Fueron Nicol Valenzuela y Lorena Stefan las encargadas de darle un vuelco al corazón de Agustín. Otra vez. Porque ellas fueron las mensajeras de la alegría que el año pasado desbordó Roquetas del Mar. «Es muy raro cantarlo dos años seguidos», afirmaron en las entrañas del Teatro Real ante la nube de periodistas y curiosos. Igual de extraño se sintió Agustín cuando se enteró de que ese número era el agraciado. No se lo creía. «Era un décimo de los que no se vendían y no se vendían... y al final me lo compré yo», afirmó el lotero, tocado por la varita de la diosa Fortuna. No solo por vender el Gordo -algo que muchos colegas no lo conseguirán en toda su vida profesional- sino por hacerlo a los cuatro meses de haber abierto la administración en su ubicación actual, en el paseo de la Esperanza.

Un premio repartido por la zona, desde la residencia de ancianos Las Peñuelas y la cafetería Barrio, donde los camareros atendían sin pestañear al gentío que llegaba. «Hoy (por ayer) habrá que cerrar, no vamos a poder trabajar con tanto jaleo», decía José Luis Villaseguil, dueño del establecimiento y guardia de un décimo con el 66513, con muchísima calma. Casi sin asimilar que era uno de los congratulados con esos 400.000 euros al décimo. Todo lo que pedían los clientes ya corría a cuenta de la casa. «El numero era de un abonado de la Administración. No sé más. Lo que sé es que le ha tocado a mucha gente. Nosotros llevamos abiertos cuatro años. Y nada, hay que seguir trabajando, esto no da para jubilarte. Yo tenia un décimo, bueno... en realidad era para el matrimonio, no para mí solito», bromea pero sin poder esbozar sonrisas por la estupefacción del momento. «Hasta que ha salido en la tele no me lo creía», recalcó José Luis.

«El primer pensamiento es que no te crees que te ha tocado. Taparé agujeros, el local está alquilado. Hay que seguir trabajando, ni más ni menos», añade el dueño del bar donde antaño María Elena Ferreira se tomaba algún que otro café.

Ella, una desempleada, era otra de las afortunadas con el Gordo. «Estaba en casa de una amiga, hablando con mi marido justo cuando ha salido», confesó emocionada. «Vamos a disfrutarlo. Yo estoy sin trabajo, aunque a mi marido a veces sí lo llaman para curros. En 2013 montamos una pastelería y tuvimos que cerrarla. Muy contentos, no hay palabras...», intentó explicar María Elena. «Un día dijo mi madre que no llevábamos ningún décimo que acabe en 13 y que debíamos buscarlo. Y encontré uno aquí y otro donde vivo ahora, en Pinto (localidad del sur de la Comunidad de Madrid). Tenía la tele puesta y me había llamado mi marido cuando le digo 'espera espera, que creo que lo llevo'. Con este dinero pagaré mi hipoteca y disfrutaré de la vida. Llevábamos tres años muy complicados, yo en paro y pasándolo fatal como muchas otras familias en España. Esto se lo debo a mi madre; a mis padres les debo muchísimo. Si no llega a ser por ellos y por amigos...», decía a borbotones María Elena antes de echarse a llorar de la emoción.

Alegría en el País Vasco

El lotero, mientras, intentaba calcular cuánto dinero ha podido repartir desde su administración. Si ha vendido todos los décimos a los vecinos, son 640 millones de euros que van a inundar en los próximos meses el barrio de Acacias. Hubieran sido 660 millones de euros si en un intercambio entre los loteros, 50 décimos no hubieran viajado hasta la localidad vizcaína de Abadiño.

Allí, a unos 400 kilómetros al norte, José Antonio Vadillo no podía disimular su alegría por tener parte de este premio, surgido de un intercambio fraguado hace unos años. José Antonio manda a los madrileños uno acabado en 32 y ellos le envían este terminado en 13. «Hace tres años la lotera de esa administración nos llamó para pedirnos por favor un número acabado en 32 porque era el número de su despacho y le hacía ilusión. Nos propuso enviarnos a cambio otro que le pidiéramos y le solicitamos uno terminado en 13, que es una terminación que mucha gente pide y que no teníamos», confesó el lotero vizcaíno, que tiene un décimo del número, al igual que sus socios.

Su amigo madrileño también lleva uno que compartirá con su mujer María José y su hijo Izan. El primer 13 de la historia del Gordo y la quinta vez que en los últimos siete años el premio cae en la capital de España. En total, ya son 77 veces que el Gordo inunda de alegría la capital de España.

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