La Rioja

«Llevo 9 años sin nada, viviendo en las calles»

Ricardo, a mediodía junto a la Cocina Económica.
Ricardo, a mediodía junto a la Cocina Económica. / Juan Marín
  • ricardo, 62 años

  • Persona sin hogar

  • «Es desesperante, no he cobrado ni un euro desde hace dos meses, desde vendimias», confiesa

«Alguna vez, gracias al IMI, he podido disfrutar de una habitación, pero la mayoría de las veces tienes que sobrevivir en la calle sin nada, vagando de un sitio para otro durante el día y durmiendo en pasajes para no mojarte y pasar menos frío por las noches». Ricardo -prefiere no dar su nombre real- es uno de los seres humanos que forman ese ejército invisible de personas sin hogar. No hay cifras, solo estimaciones aproximadas que hablan de unas 40.000 personas en esta situación en España, justo el 10% de los 400.000 que se calculan en Europa. La Rioja, que no escapa a este drama semioculto que solo emerge cuando llegan a finales de septiembre cientos de temporeros, también carece de datos, pero se cree que unas 250 carecen de techo más allá del pasaje, el cajero o la nave abandonada en la que tratan de subsistir. Como Ricardo, un veterano de las calles logroñesas a sus 62 años.

«Tenía la ayuda del IMI, pero me la quitaron. Estuve trabajando unos días en la vendimia, pero ahora mismo llevo sin cobrar un solo euro desde hace dos meses», confesaba a las puertas de la Cocina Económica.

«Cuando era joven trabajé en el circo de los Hermanos Tonetti, conducía uno de los camiones, ayudaba a montar y desmontar las carpas, cobraba las entradas... Luego me casé y tenía una vida absolutamente normal, con mi trabajo, mi casa, mis dos hijos... Pero hace 20 años me divorcié, acabé en el paro y la vida... Ahora llevo ya por lo menos nueve años viviendo en las calles de Logroño», resumía su vida en tres pinceladas.

«Lo pasas fatal, claro. Ahora suelo dormir en uno de los pasajes cercanos a la estación de autobuses, en el suelo porque tenía un colchón que lo tiró la Policía y protegido del frío con dos mantas, periódicos y cartones. A partir de ahora empiezas a pasarlo mucho peor con la llegada del invierno, así que a partir del día 1 de diciembre, cuando abren el albergue de Cáritas de La Estrella, voy a dormir allí hasta que lo cierren a finales de marzo porque si no se hace terrible», resume aún con el recuerdo de jornadas anteriores: «Días como el miércoles, con tanta lluvia y el frío metido en los huesos, no sabes ni a dónde ir para pasar el tiempo, ni por la mañana, hasta la hora de comer en la Cocina Económica, ni por la tarde, cuando voy a cenar».

Cinco años más en las calles

Su guión apenas varía: «Todos los días es lo mismo, me levanto a las siete de la mañana para no molestar a las personas que llegan para trabajar en las oficinas o a la gente de sus portales y suelo irme a la estación de autobuses para tratar de entrar en calor y luego a pasear por las calles para matar el tiempo. Es desesperante, claro, porque no sabes qué hacer ni ves una salida o una solución. Pensaba que ahora iba a poder trabajar... Si me hubiese salido lo de podar y ganar algo de dinero... Pero nada, no ha habido suerte», se lamenta.

«¿Optimismo? Pues muy poco, la verdad, aunque sigo fichando en el paro siempre que me toca. ¿Mi esperanza? Pues que me salga lo de la jubilación, aunque ya me han dicho que hasta el 2021 no es posible, con lo que me quedan cinco años todavía en la calle y de vez en cuando en una habitación, cuando pueda volver a cobrar el IMI o si de vez en cuando me puedo ganar unos euros en las épocas en las que haya labores que hacer en el campo», se despide Ricardo para entrar a tiempo al comedor social de la Cocina Económica y echar algo de alimento caliente en su menudo físico, un cuerpo zarandeado por la vida y por los rigores de tantos días y noches a la intemperie.