La Rioja

El periodista Esteban Hernández, ayer en la UR. :: Jonathan Herreros
El periodista Esteban Hernández, ayer en la UR. :: Jonathan Herreros

«El lema no es vamos a hacer una mejor educación, sino vamos a reducir costes»

  • «Los cambios no se enfocan a que el alumno reciba mejores clases ni a que el profesor produzca mejor conocimiento», critica el experto

  • Esteban Hernández Jiménez Periodista, escritor y abogado

«En nuestro sistema educativo las tareas esenciales siguen sin cumplirse y se supeditan a otras que son secundarias», alertó ayer en la UR Esteban Hernández, periodista, abogado y escritor. El jefe de la sección Alma, Corazón y Vida de El Confidencial y autor de varios libros -su último título, 'Los límites del deseo. Instrucciones de uso del capitalismo del siglo XXI' (Editorial Clave Intelectual), llega el lunes a las librerías- cerró las Jornadas de Educación y Sociedad 'Sobre la profesión docente' de la Universidad de La Rioja.

- Su ponencia se titulaba 'El profesor cuantificado. Para qué sirve medir el rendimiento'. ¿Es posible y útil esa medición?

- Mucha gente piensa que no es necesario que se mida el rendimiento, pero otros creen que sí y parece que esta va a ser la visión dominante de los próximos años. El problema es cómo mides esto, porque hay dos aspectos esenciales en la función docente universitaria: la transmisión de conocimiento a los alumnos, que no se está midiendo ahora; y la producción de más conocimiento, que pueda avanzar en su materia, descubrir cosas nuevas y aportar ideas que hasta entonces no estaban presentes, y esto se está haciendo de una manera más negativa que positiva, porque los instrumentos de medición de rendimiento son muy limitados y apuntan solo un aspecto parcial, que tiene que ver con la producción de un conocimiento que es irrelevante socialmente. En ese sentido es mucho mejor no medir que medir mal.

- Hablemos de cualificación. Se dice que los profesores no están preparados. ¿Dónde está el déficit?

- Hombre, como en todas las profesiones hay unos que lo están mucho y otros que lo están poco, es difícil establecer una línea general. Aunque hay excepciones, no podemos decir que contemos con malos profesores. De todas formas, hay dos problemas: uno tiene que ver con una mejor formación, pero hay otro que se debe al contexto y a las condiciones adecuadas. En los colegios esto es complicado porque hay saturación y en las universidades es tan difícil o más porque cada vez tienen menos tiempo para la docencia y más trabajos administrativas y tareas laterales, como buscar fondos.

- ¿Hacia dónde va el sistema educativo del siglo XXI o hacia dónde debería ir?

- Todos pensamos que si hay cambios deben ser a mejor, que los chavales, los adolescentes y los jóvenes estén cada vez mejor formados, con mayores oportunidades de futuro y que tengan los instrumentos, los conocimientos y las aptitudes precisas para competir en un contexto que se adivina complicado y complejo. Pero no es esto, la mayor parte de los cambios que se están introduciendo a la hora de medir el rendimiento y establecer tareas para el profesor van destinados a medir lo que está haciendo para aportar valor a la universidad y atraer prestigio y fondos a ésta. Los cambios no están enfocados a que los alumnos reciban mejores clases ni a que el profesor produzca mejor conocimiento, sino que están enfocados a que sean rentables para la universidad. Desde ese punto de vista es un problema grande porque las tareas esenciales siguen sin cumplirse y se supeditan a otras que son secundarias.

- ¿Será posible el pacto para una ley educativa duradera?

- Pues no lo sé, pero no lo parece. Hay muchas posibilidades de transformar las cosas para bien, pero inciden también elementos ideológicos con perspectivas distintas de cada uno de los partidos y en ese sentido va a ser difícil que se establezcan mecanismos reales de cambio. Ahora bien, lo que son las líneas generales de la profesión educativa sí están muy bien establecidas, son muy claras y tienen que ver con una priorización de la rentabilidad sobre el resto de factores; es decir, el lema no es vamos a hacer una mejor educación, el lema es vamos a reducir los costes.

- En el sistema educativo una de las últimas batallas educativas, con huelga de padres incluida, ha sido la de los deberes. ¿Qué opina?

- Supongo que los deberes tienen una función y depende mucho más de la carga que establezcas que del hecho en sí mismo; es decir, hacer deberes no es una cosa mala, pero tener muchos sí lo es.

- ¿No estamos saturando los propios padres a los niños con tantas actividades extraescolares diarias?

- Sí, pero hay que entender también el contexto. En primer lugar hay mucha gente que trabaja muchas horas y que se ve obligada a llevar a los hijos a clases extraescolares simplemente porque no los puede recoger más que a unas horas precisas; y en segundo lugar todos adivinamos que el futuro laboral va a ser bastante incierto, con lo que hay padres que prefieren que sus hijos tengan muchos conocimientos y estén muy bien preparados para que puedan competir mejor en el futuro.