La Rioja

Plantando cara a la violencia

Plantando cara a la violencia de género
/ Juan Marín
  • Una instructora del Cuerpo Nacional de Policía enseñó a las participantes cómo actuar y qué recursos utilizar para hacer frente a una hipotética agresión

  • Una veintena de mujeres participa en el curso de autoprotección y defensa

La clase empieza como podría hacerlo cualquier sesión de cualquier deporte: una breve carrera para soltar músculos, unos estiramientos y los tradicionales giros de tobillos y muñecas. Rosa, con casaca roja y pantalón blanco, se sitúa en el centro del tatami de la sala polivalente de las instalaciones deportivas del Adarraga. Está rodeada por una veintena de mujeres. Ninguna, reconocen, tiene noción alguna de artes marciales o de autodefensa. Todas están allí para saber cómo afrontar una hipotética agresión y lograr, si no reducir al agresor, sí al menos zafarse de él. Porque la clase, reitera Rosa, instructora del Cuerpo Nacional de Policía, sigue la máxima de todo arte marcial: no está orientada hacia la agresión sino hacia la defensa.

«El objetivo es prevenir las situaciones conflictivas a través de medidas de autoprotección y a través de la defensa personal de la mujer. Cuando esas medidas de autoprotección fallan por cualquier motivo es cuando se aplican las técnicas de defensa personal. Son técnicas exclusivas para las mujeres», explica la instructora.

Los primeros consejos son, digamos, de sentido común. Tan de sentido común que en muchas ocasiones la rutina, el despiste o ciertos hábitos (andar mirando el móvil, por ejemplo) hacen que se olviden: caminar por zonas iluminadas, prestar atención a nuestro entorno, a quien se acerca a nosotros... A partir de ahí hay una serie de medidas adicionales. Por ejemplo, de nada servirá gritar socorro, siempre será mucho más efectivo gritar fuego, y tampoco viene mal llevar en la mano las llaves de casa o del coche con un llavero-alarma de estridente sonido.

«Todo nos puede venir bien para protegernos», abunda Rosa a sus alumnas. Alguna se sorprende cuando, por ejemplo, dice que un inofensivo pintalabios puede ser de utilidad para hacer frente a un agresor. Con él, los zapatos, el paraguas, el bolso, un cepillo, un periódico y prácticamente cualquier objeto puede convertirse en un aliado vital.

«Con estos cursos se aumenta también la autoestima de la mujer y se la hace ver que ellas, en un momento dado, van a ser capaces de defenderse. La reacción suele sorprender al agresor, que no espera que le vayan a hacer frente», abunda la instructora antes de comenzar a explicar las primeras claves: intentar correr, nunca andar de espaldas, recurrir a movimientos laterales para zafarse de un ataque... «Lo más importante es moverse», confía a sus alumnas mientras practican la forma de esquivar un intento de agarrón. «Todas somos capaces de defendernos», les anima.

El curso de ayer fue la segunda edición, pero habrá más. Al menos ese es el objetivo, dice Olga Fernández Maestu, jefa de la Unidad de Coordinación contra la Violencia sobre la Mujer, que augura nuevas sesiones más completas. «El objetivo es no tener una situación violenta y, si la hay, saber anticipase a ella», completa Fernández Maestu.