La Rioja

Países sin sitio en el mapa

Países sin sitio en el mapa
  • Tienen un territorio, habitantes, gobierno y hasta bandera y moneda, pero pasan inadvertidos porque no han logrado reconocimiento internacional

¿Puede una plataforma marítima convertirse en un país? ¿Y cuatro cabañas levantadas sobre un terreno abandonado? ¿Y un espacio en medio de una ciudad desarrollada que empezó como un asentamiento hippie? Si tienen un territorio definido, una población que los habita y unas instituciones que los gobiernan cumplen los tres requisitos esenciales recogidos en el Derecho Internacional para poder llamarlos 'estados'.

Este ha sido el punto de partida del geógrafo Nick Middleton para elaborar el 'Atlas de países que no existen'. Una noche mientras leía a su hija un pasaje de los cuentos de Narnia se le encendió la bombilla. La protagonista se abría paso hacia una tierra mágica y la fantasía de ese mundo le iluminó. Este prestigioso profesor de Oxford reparó en que no hay que hacer magia para visitar un país que «no existe» a los ojos de los demás. Así buscó -y reunió en su libro- hasta medio centenar.

Somalilandia, Atlantium, Rapa Nui, Christiania, Sealand, Akhzivland... ¿Les suenan? Son países que se han hecho un hueco en un territorio, pero no en los mapamundis, y cuesta ubicarlos, siquiera, en el continente al que pertenecen. Algunos arrastran credenciales democráticas envidiables y otros son experimentos sociales que desafían abiertamente las leyes del estado en el que están implantados.

Sus nombres evocan fantasía, pero son tan reales como el territorio que los delimita, sus pobladores y su autogobierno. Premisas necesarias para que puedan ser considerados estados, tal y como quedó recogido en la Convención de Montevideo de 1930.

«Pero si no son reconocidos por otros, si no mantienen relaciones económicas, políticas y sociales normalizadas con el resto, es como si no existiesen a los ojos de la comunidad internacional», explica la profesora de Derecho Internacional de la Universidad de Málaga Elena del Mar.

Porque a día de hoy no hay ninguna institución internacional que tenga la competencia de certificar si un país lo es o no. «Actualmente, hay 193 estados miembros de Naciones Unidas, pero no significa que este organismo se encargue de su reconocimiento; eso es algo que, de forma discrecional e individualizada, decide cada estado con respecto a los demás», aclara.

Sealand. Un país sobre las olas

Con sus 4.000 metros cuadrados de superficie y solo 27 habitantes, tiene un equipo de fútbol propio, su bandera ha sido llevada a la cumbre del monte Everest y ofrece títulos de caballero por la módica suma de 145 dólares. Dispone de teléfono, internet y hasta una tienda de 'souvernirs'. L

o más increíble es que este 'país' se levanta sobre una plataforma marítima a unas siete millas náuticas al este del Reino Unido. Tras su construcción en 1943 por la Armada Británica para defenderse de los alemanes, fue abandonada al acabar la II Guerra Mundial y Roy, un antiguo comandante de Infantería y propietario de una cadena de carnicerías, no tardó en instalarse allí.

Años más tarde, y tras resolver una causa judicial por las emisiones que hacía desde una radio pirata, regresó en 1967 y el 2 de septiembre de aquel año declaró la independencia, izó una bandera y nombró a su esposa Princesa Joan. Así nació el Principado de Sealand. En la actualidad, su hijo Michael ha heredado el título y trabaja para que puedan volver a emitirse los pasaportes que, con motivo del 11-S, dejaron de hacerse.

Akhzivland. Dos habitantes y una casa

Difícil de pronunciar y más aún de entender cómo un solo hombre ha logrado fundar este 'país' sin permiso de nadie y resistir los envites legales posteriores. La historia de Akhzivland va unida a la de Eli Avivi, un judío de origen iraní que, a principios de los 60, empezó a construir varias cabañas en un antiguo pueblo de pescadores cerca de la frontera líbano-israelí, pero sin tener derecho sobre la tierra. Durante diez años, el Gobierno de Tel Aviv hizo la vista gorda sobre su situación irregular, pero, a partir de 1970, intentó echarle.

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