La Rioja

Los eslabones de una cadena solidaria

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La 'familia del banco', a la espera de la IV Gran Recogida.

  • Los voluntarios del Banco de Alimentos preparan las instalaciones para la inminente IV Gran Recogida

  • Además de disponer el operativo, el grupo sigue con su labor diaria de componer paquetes para los más necesitados

«No sé qué me da ver el almacén vacío. Es una bendición cuando está lleno», declara Francisco Lozano, el encargado del pabellón que el Banco de Alimentos de La Rioja tiene en la carretera de Laguardia, en término de Logroño. Cierto es que en la inmensa mayoría de sus infinitos estantes no reposan cajas con contenido, sino palés sin productos; pero en estas fechas la veintena larga de voluntarios fijos que ocupa en estas instalaciones sus mañanas (a veces también las tardes) sabe que debe ser así.

Hoy viernes, se está celebrando, la IV Gran Recogida, la principal fuente de recogida de alimentos para entregarlos a los más necesitados de nuestra región, que continúa este sábado. Por eso, estos eslabones de una cadena que rezuma solidaridad se han afanado durante las jornadas previas en vaciar estanterías, preparar cajas para recibir el aluvión de productos que donan las ganas de ayudar de los riojanos, llevar palés a los 70 supermercados participantes en la iniciativa y, en definitiva, dejarlo todo preparado para gestionar esa formidable entrada de alimentos de la manera más rápida y eficaz.

Pese a que ellos consideran que el almacén se encuentra «vacío» aún guarda entre 15.000 y 20.000 kilos de alubias, garbanzos, pasta, arroz, chocolates, tomate frito, harina, litros de leche... Aunque, claro, estas cifras representan una minucia frente a los 280.000 que custodia el pabellón tras una Gran Recogida.

La tarea cotidiana ha seguido mientras tanto. Consiste en preparar los pedidos que les hacen llegar parroquias o asociaciones para cubrir las necesidades alimenticias más perentorias de los más vulnerables de La Rioja. «Damos una solución puntual, pero estas personas tienen que saber que deben buscarse la vida ahí fuera», señala Lozano. Esa 'solución puntual' se traduce en un kilo al mes para cada familia para la que las entidades sociales solicitan ayuda de cada uno de los productos de los que disponen en el almacén. Éstos proceden de las mermas o excedentes de supermercados y fábricas del sector alimentario que, muchas veces, pese a resultar aptos para el consumo presentan problemas de etiquetado o cuentan con una fecha que no permite su venta al público.

En «familia»

Atendiendo esas órdenes del día a día y componiendo esos paquetes, se encontraba una pequeña «familia», la que integra el cuerpo de voluntarios. La mayoría son jubilados o prejubilados, aunque también hay personas algo más jóvenes en situación de un largo desempleo.

Las motivaciones que a cada uno lo han acercado al Banco de Alimentos resultan variadas, pero todos exhiben su satisfacción por aportar su granito de arena a hacer algo más fácil la vida a los demás.

Loli Cristóbal es una de esas pensionistas que un día escuchó por la radio que la organización reclamaba voluntarios y decidió apuntarse. «Te llena un montón ayudar a los demás», afirma; por lo que el tiempo se le pasa volando mientras organiza paquetes y mira sus fechas de caducidad. «Se trata de una forma de permanecer activa».

Para Lourdes Cristóbal, sin empleo, «es como un trabajo», aunque sin horarios ni obligaciones. «Cada uno contamos con unas características y desarrollamos unas tareas en función de ellas». Ella se refugió en este voluntariado como «una terapia» en momentos difíciles y asegura que ha encontrado «una ocupación y una familia». A Juan Carlos Ruiz, que encadena tres años en el paro, el venir al Banco le supone «un aliciente para levantarte cada día». A sus 52 primaveras asegura que muchas empresas ya no lo consideran capaz de mantener un ritmo de trabajo como carretillero y almacenero, su profesión. Pero su tarea diaria en estas instalaciones le reafirma en que «puedo trabajar y en que todavía estoy ágil». El Banco de Alimentos de La Rioja necesita 15 voluntarios fijos más como Loli, Lourdes o Juan Carlos.