La Rioja

Pedro Sanz y José Ignacio Ceniceros, en los pasillos del Parlamento de La Rioja.
Pedro Sanz y José Ignacio Ceniceros, en los pasillos del Parlamento de La Rioja. / DÍAZ URIEL

Que vienen los nuestros

  • «Ganaremos las elecciones. No sé quiénes pero las ganaremos»

Pío Cabanillas

Cuando a los distintos implicados en la lucha de clanes que vive el PP riojano se les pregunta qué opina Mariano Rajoy de todo esto, cada cual arrima la respuesta a su interesada sardina: según se deduce, Rajoy les da la razón a todos. Apoya a cada líder de cada facción. Seguramente, es cierto. Seguramente, fiel a sí mismo, el jefe supremo se encoge de hombros ante todos ellos como ese abuelo condescendiente que evita regañar a los nietos, para que no se detecte preferencias por alguno de ellos. Sobre todo, si ese jefe es gallego y tiende a situarse allí donde sólo observa ventajas: en mitad de la escalera.

Bueno, pues ese jefe acaba de hablar. Y lo ha hecho a su estilo: evitando cuidadosamente que alguna de sus decisiones (o ausencia de decisiones: en el arte de la pasividad acredita conocida pericia) pueda ser malinterpretada. Con una mano coloca a Cuca Gamarra en la rampa de salida hacia más altas responsabilidades y releva por lo tanto al nuevo ministro De la Serna como cara visible del PP en el poderoso lobby de la Federación de Municipios... mientras con otra reparte salomónico protagonismo entre Pedro Sanz y José Ignacio Ceniceros (por orden de aparición en el Palacete).

De tal modo debe entenderse su decisión de incorporar a ambos a las ponencias que en febrero construirán el armazón ideológico del PP con ocasión del congreso previsto para entonces. Un cónclave recién anunciado, que debería servir para mitigar las asperezas internas detectadas en la sede de Génova pero que también admite una lectura desde el punto de vista regional: con ese congreso queda por lo tanto abierta la vía para convocar sus respectivos clones autonómicos. Resta en consecuencia apenas medio año para saber si el futuro PP riojano será niño o niña. Trabajo para sus comadronas.

Conocer cuándo se reunirá el congreso regional (abril o mayo, según las fuentes consultadas) al menos permite fijar un calendario para que el proceso de querellas intestinas pueda establecer sus propios tiempos. Hasta ahora, en ese ámbito ha ganado Cuca Gamarra, quien se maneja con mayor sigilo y envuelve sus maniobras bajo un manto de irónica predisposición. Aunque predisposición, al fin y al cabo. José Ignacio Ceniceros, por el contrario, ha destapado más sus ambiciones, lo cual incluso algunos de sus más fervorosos incondicionales aceptan como un error táctico. Mientras, Pedro Sanz opta por el disimulo: como si estas cosas tan mundanas no fueran con él. Como si ya tuviera bastante con el Senado. Como dicen que hacía Jordi Pujol: ahora no toca.

Parapetado bajo esa frase, Sanz se mueve en la sombra, aunque desde su entorno llegan los coincidentes lamentos a propósito del nombramiento de Carmen Duque para un alto cargo en el organigrama de Educación. Manos a la cabeza en el sector opuesto a Ceniceros, sarcasmos mayúsculos a cuenta de la aquiescencia con que Ciudadanos acogió su designación (más allá de unas críticas que parecían disparadas por el piloto automático) y los cariñosos dardos propios de quienes se detestan con semejante nivel de cordialidad. Y Carlos Cuevas, de receptor consorte: llevándose las cariñosas collejas dialécticas que en realidad se dirigen contra Ceniceros.

Mientras prolifera el fuego amigo y se ignora dónde anda la oposición, brilla una de las raras coincidencias entre cada familia del PP: que a medida que pasa el tiempo y el pulso se recrudece, resulta más difícil echar marcha atrás. Imponer cordura. Porque para cuando llegue el congreso que debería sellar la paz interna, el PP habrá profundizado en las heridas con tanto entusiasmo que hará imposible el armisticio. Ni siquiera valdrá entonces invocar el nombre de Rajoy y que cada bando se considere el favorito del líder. Porque Rajoy ya ha hablado. Ha hecho suya la frase célebre de Pío Cabanillas («Al suelo, que vienen los nuestros») y evitado decantarse: ningún riojano le acompaña en el Consejo de Ministros.

Que es lo único que de momento se sabe. Y que en este pulso pierden todos porque pierde el PP.