La Rioja

MEJOR PREVENIR

Primeras reflexiones que me sugiere la presentación por el Consejero de Administración Pública y Hacienda del Gobierno regional de los resultados del Plan de Lucha contra el Fraude Fiscal en 2015:

1.- ¿Qué nos sugiere el término fraude fiscal? ¿Toda la deuda que se dice aflorada por las actuaciones de control tributario proviene del fraude? Viene a cuento la pregunta por cuanto bajo el término fraude se engloban actuaciones diversas, y no todas ellas responden al verdadero concepto de fraude. El fraude implica engaño; supone la utilización de estrategias ilícitas o ilegales con el fin de eludir el pago de impuestos; implica no declarar o declarar menos de lo debido con el ánimo de defraudar.

Y seguramente las cifras facilitadas por los responsables de la gestión de los tributos riojanos encierran también deudas derivadas de expedientes de comprobación de valores, que resultan ajenas al concepto de engaño. En las transmisiones de viviendas usadas, por ejemplo, el impuesto se exige tomando como base el valor real del bien transmitido y no el precio pagado; valor real que, en último término, es determinado por la Administración. Igualmente ocurre en las transmisiones por herencia. Tales operaciones se gravan en el Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados y en el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones, respectivamente. Entre ambos, representan más del 75% del total de deuda aflorada; y, seguramente, una buena parte de esa deuda proviene no del descubrimiento del engaño, sino de la comprobación de valores efectuada. Quiere decirse que debería utilizarse otro término, menos belicoso al empleado, para definir este tipo de actuaciones.

2.- ¿Acaso no es mejor prevenir que luchar? El término lucha implica beligerancia ante algo ya pasado; la prevención, empero, supone el control de los ingresos que deben ser recaudados en el futuro. Y aquí no se trata sólo de terminología. Se trata de pedagogía, de educación y conciencia cívica. De conseguir que los ciudadanos sean conscientes de la necesidad del pago de tributos para el sostenimiento del gasto público y mantenimiento del nivel de servicios públicos que disfrutamos, tanto en cantidad como en calidad. Para ello, debe empezarse desde los niveles más elementales y primarios del sistema educativo a la implementación de programas escolares al efecto. En definitiva, hay que conseguir el cumplimiento voluntario de los deberes fiscales. Cuanta más prevención, más cumplimiento voluntario y menor necesidad de lucha.

3.- La claridad, la sencillez y simplicidad de la normativa tributaria redundan en la seguridad jurídica en la aplicación de los tributos para los ciudadanos. Es necesaria la creación de bases de datos de consultas resueltas sobre cuestiones de habitual pregunta y experiencias en la gestión diaria de los tributos. Sin duda, la certidumbre para el ciudadano de lo que tiene que pagar por un determinado tributo cuando realiza cualquier operación puede contribuir a incentivar el cumplimiento espontáneo de los deberes fiscales.

4.- También es necesaria la mejora en la atención al contribuyente, que no es sino el cliente de la Administración tributaria. El personal encargado de la gestión de los tributos y, en particular, el encargado de la atención al público debe ser consciente de la vocación de servicio que debe presidir su actuación, siendo clave la interiorización de criterios aplicados en la atención al público en el sector privado.

En la línea expuesta, el Plan de Colaboración Pública y Social para la Prevención y Lucha contra el Fraude Fiscal 2016-2020, impulsado por el actual Gobierno regional, tiene como ejes vertebradores no sólo el control tributario, sino también el fomento del cumplimiento voluntario de las obligaciones de pago de los tributos a que antes aludía. Confiemos que su puesta en marcha contribuya a la mayor concienciación ciudadana en la contribución al sostenimiento de los gastos públicos y también a la mejora en la atención al contribuyente.