La Rioja

Aulas integradoras y participativas

Un voluntario coordina un grupo interactivo de alumnos para que resuelvan una tarea de refuerzo escolar. :: miguel herreros
Un voluntario coordina un grupo interactivo de alumnos para que resuelvan una tarea de refuerzo escolar. :: miguel herreros
  • El CEIP Caballero de la Rosa desarrolla el novedoso modelo de 'comunidades de aprendizaje'

  • El proyecto ha devuelto la ilusión a este centro que registraba una fuerte caída en la matriculación y que corría riesgo de convertirse en un «gueto»

Las patas de las sillas de las aulas y salas del CEIP Caballero de la Rosa, en Logroño, están forradas con pelotas de tenis. Esta curiosidad, ideada para evitar el jaleo que se producía en las clases cuando los alumnos que participan en los grupos interactivos rotaban cada quince minutos de conjunto de pupitres, refleja a la perfección que el proyecto de comunidad de aprendizaje ha venido para quedarse y que ocupa a todo este centro situado en el entorno de los barrios periféricos de San José y Madre de Dios.

Este colegio logroñés es el único de La Rioja que constituye una comunidad de aprendizaje, o lo que es lo mismo, que desarrolla una serie de actuaciones educativas que implican de forma directa o indirecta a todas las personas que influyen en el aprendizaje y desarrollo de los escolares (profesorado, familiares, vecinos del barrio, miembros de asociaciones, voluntarios...) para implantar una amalgama de prácticas de éxito que buscan la transformación social y educativa.

El CEIP Caballero de la Rosa apostó por este modelo -más extendido por País Vasco, Cataluña, Andalucía y la Comunidad Valenciana- hace cinco cursos. «El centro se nos estaba quedando vacío. Recibíamos unas 16 matrículas al año en un colegio que había contado siempre con dos líneas», sitúa su director, Roberto Martínez, quien llegó a temer incluso que el Caballero de la Rosa «desapareciera». «Se estaba convirtiendo en un gueto, con un 60-70% de población inmigrante», detalla, antes de apostillar que «la diversidad es enriquecedora en cuanto que supone un reflejo de la sociedad actual» pero con tal predominio de alumnado extranjero «ya no éramos un centro diverso».

El claustro y las familias respaldaron por abrumadora mayoría el constituirse en una comunidad de aprendizaje y la situación ha virado por completo. Además de «la ilusión y el clima de amistad» que reina en el CEIP, este curso han recuperado la segunda línea en Infantil puesto que «muchas familias de otras zonas de Logroño traen aquí a sus hijos» y, en tres años, el porcentaje de escolares de origen internacional se ha reducido a menos del 40%, con lo que ahora sí que retratan esa sociedad plural que compone hoy La Rioja.

Este cambio se ha debido en parte, entre otras actuaciones para incentivar el diálogo y la participación de la comunidad educativa, en la puesta en marcha de los denominados grupos interactivos. Éstos consisten en que el centro programa varias sesiones de refuerzo de ciertas materias (en Primaria se trabajan lenguaje, matemáticas e inglés y en Infantil, el lenguaje, los aspectos manipulativos y el razonamiento lógico-matemático), en las que el tutor divide a la clase en cuatro o cinco grupos de alumnos con perfiles heterogéneos. Cada uno está supervisado por un adulto (este año cuentan con 77 voluntarios, entre familiares, personas dispuestas a compartir su tiempo y universitarios) que anima al equipo de escolares a resolver una tarea, propicia que todos participen en la solución y evita que los más inquietos se despisten. En definitiva, este modelo va en contra de separar al alumno considerado 'lento' o 'difícil'.

«Esto ha supuesto un aumento del rendimiento académico y una mejora de la convivencia», valora la coordinadora de la comunidad de aprendizaje, Sara Mollá. Y todos sus miembros sienten que han aportado su granito de arena a este éxito. «Las familias participan en la vida del colegio y tienen una relación más estrecha con el profesorado, lo que motiva a los niños», asegura la presidenta de la AMPA, Estíbaliz Sáenz de Urturi.