La Rioja

ALÓ, CONSEJERO

La nueva política continúa acampada en el Parlamento. Se trata sobre todo de avances en el lenguaje no verbal, puesto que sus señorías declinan acogerse a la economía de gestos antaño tan venerada. Prevalece por el contrario el intercambio de miradas, las sonrisas cómplices, los codazos de camaradería infinita. Ah, los buenos modales. Que triunfan también en detalles mayores, como el registrado en el pleno de ayer: segunda crisis de Gobierno en apenas año y medio y ¡¡¡ningún grupo de la oposición registra en el orden del día asunto alguno sobre tal cuestión!!! Los parlamentarios son almas bondadosas: le dan sus 100 días de cortesía al flamante consejero (es su manera de decirle hola) y olvidan incluso preguntar al jefe de todo esto por qué cambia su equipo al ritmo en que Jesús Gil echaba entrenadores.

De modo que el flamante titular de Educación se ganó un plácido estreno, aunque mediada la sesión, ya parecía un veterano: se aburría como el resto de sus colegas. Como cualquiera que tuviera que someterse a un temario donde parece vetada la emoción pero se puede dedicar ancho espacio a cuestiones tan trascendentes como, por ejemplo, la miel. Al PSOE, que cambien al titular de Educación y Empleo le importa menos que promover medidas en defensa del consumidor de tan nutritivo alimento.

Así que, como sucede con frecuencia, la oposición tiende a ejercerse desde fuera de la Cámara. Porque si hubiera penetrado en ella la pregunta reciente de Comisiones Obreras para que el Gobierno aclare dónde está el dinero no gastado de los fondos de formación, el nuevo consejero tal vez se hubiera revuelto inquieto en su butaca. Que no disfruta sin embargo de las ventajas de la tribuna de prensa: basta girarse un poco (a la izquierda, por cierto) para ver la calle. La calle que sigue sin ingresar en el Parlamento.