La Rioja

Mariano Rajoy, rodeado por dirigentes políticos riojanos, el año pasado en Logroño. :: fernando díaz
Mariano Rajoy, rodeado por dirigentes políticos riojanos, el año pasado en Logroño. :: fernando díaz

Carta a los Reyes Magos

  • «Si un hombre se compromete a algo con juramento, no violará su palabra: cumplirá todo lo que ha salido de su boca»

Libro de las Horas. Capítulo 30

Mariano Rajoy juró su renovado cargo como presidente el lunes pasado, mediante una liturgia muy personal que incluyó posar la mano sobre un ejemplar de la Biblia abierto por las páginas dedicadas al Libro de las Horas. Se trata de un texto incluido en la llamada Biblia de Jerusalén, una de tantas versiones que circulan de las Sagradas Escrituras, donde se integra una serie de preceptos como el citado arriba: la obligación de cumplir con la palabra dada, máxima que en la profesión del reelegido presidente del Gobierno tiende a olvidarse. Empezando por ejemplo por el propio caballero que se ayudó de un crucifijo para renovar su mandato en La Moncloa, cosa que corría cierta prisa aunque no tanta como para renunciar al puente de Todos los Santos sin formar Gobierno. Las cosas de Mariano, ya se sabe: como las de Palacio.

Aunque ir despacio no parece tan peligroso como viajar en contradirección. En eso, el reelegido presidente recuerda a sus predecesores: en su carácter olvidadizo. Al menos, en lo que respecta a La Rioja. Véase el capítulo de infraestructuras, esa larga novela de terror que se escribe desde hace alguna década. Cuyo último capítulo llegó firmado hace nada por el hasta ahora ministro de Fomento, bien que en funciones, cuando Rafael Catalá compareció en Recajo para ejecutar un ejercicio de sinceridad que le honra. Admitió que la ronda sur de Logroño no figura entre sus principales preocupaciones y luego dejó que un subordinado se tragara, explicando lo inexplicable, una rueda de molino de similar dimensión a la ingerida en el último pleno del Parlamento por Carlos Cuevas.

Porque preguntado entonces por esas declaraciones de Catalá, el titular de Fomento del Gobierno riojano accedió a responder al diputado de Ciudadanos David Vallejo con elevado conocimiento de la cuestión, puesto que figuraba entre la comitiva de altos cargos que atendieron de viva voz aquella confesión ministerial. La que sigue: interpelado sobre si consideraba o no prioritaria la ronda sur logroñesa, contestó Catalá textualmente que «las infraestructuras tienen que tener un periodo prolongado de maduración. El proyecto de la ronda sur está en estudio y confío en que vayamos progresando. Las limitaciones presupuestarias condicionan. Y lo que hacemos es priorizar».

Como se ve, Catalá también ignoraba, como sus anfitriones riojanos, ese capítulo 30 del bíblico Libro de las Horas que le comprometía a no violar su palabra. O la palabra comprometida por sus antecesores en el Ministerio. O tal vez lo sabía y le daba un poco lo mismo. Contaba a su favor con un factor central que aflora por esta tierra con temeraria frecuencia: la resignación de los riojanos. Conforme al parecer con el histórico déficit de infraestructuras, La Rioja da por descontado que desde Moncloa no se atenderán sus quejas. Gobierne quien gobierne. Le ayudó también a Catalá el carácter pusilánime detectado por el Gobierno riojano y alrededores, porque las reacciones a semejante anuncio compitieron en frialdad con las generadas por otra decisión conocida unos días después y que Fomento había olvidado comunicar igualmente: que desdoblar la N-232 tampoco le parece prioritario. Nada menos.

Una medida de semejante calado se supo como la anterior a través de Diario LA RIOJA. Ocurre con cierta frecuencia en el Parlamento regional observar a sus señorías de la oposición blandir páginas de este periódico para afear la mala gestión del Gobierno o para alertar de las calamidades que se ciernen sobre nuestras cabezas. Tales exhibiciones corren el riesgo de envanecer a quienes trabajan en esta casa, aunque lo más relevante es que encierran síntomas preocupantes: delatan esa tentación tan extendida entre quienes deberían ejercer la labor del control de las instituciones a declinar de su obligación, que pasa entonces a acometerse desde otros ámbitos. Lo cual desemboca en el paisaje conocido: que las reclamaciones riojanas, faltas de consistencia, cobran el aspecto de una carta a los Reyes Magos. Que por Moncloa suelen arrojar a la papelera más cercana.

Al menos, el flamante Gobierno concede algún espacio para la esperanza. Vana, tal vez. El flamante ministro de Fomento no es un desconocido por La Rioja. Íñigo de la Serna dispone de datos de primera mano sobre el endémico abandono de la región, cuyas comunicaciones tanto recuerdan a las del siglo pasado. ¿Qué hará con esa información durante su mandato? Se ignora. Pero nunca podrá aducir que no estuviera avisado. Ni alegar que el título de ministro le confunde, aunque sean tiempos propicios para la confusión. Porque hay también quien confunde el Libro de las Horas que eligió Rajoy con esos otros manuscritos iluminados durante la Edad Media llamados del mismo modo. Que solían contener por cierto un apartado dedicado a las denominadas Horas Marianas. Sí, las Horas Marianas. Donde se incluyen los célebres Salmos de Grados, uno de los cuales reza: «Hastiada está nuestra alma/del escarnio de los que están en holgura/y del menosprecio de los soberbios».

Un estupendo resumen de cómo mira La Rioja hacia Moncloa.