La Rioja

NAVE CON RUMBO

Siempre he sentido la UNED como un barco dedicado a recoger náufragos. Millones de desconocidos, cada uno con sus vidas, sus ansias y condiciones (trabajadores, jubilados, madres, presidiarios, desempleados...) que se suben a la misma nave con el único objetivo de aprender.

Todos peleamos a brazo partido contra el tiempo, o más bien contra su ausencia, contra nuestras carencias y las circunstancias. Una persona sola, unos recursos por descubrir, un duelo con el saber con la ayuda de unas clases presenciales (el que puede disfrutarlas), unas herramientas 'on line' y, sobre todo, disciplina y ganas. Eso hace diferentes a los alumnos de la UNED, una constancia única y férrea, forjada en soledad, sin ayudas bien engrasadas por matrículas abusivas ni por condescendencia de los docentes.

El modelo funciona y el número de alumnos crece, al igual que los grados que se imparten o sus distintos cursos (de extensión, sénior, idiomas...). Una lástima que no ocurra lo mismo con los patronos (antes, además de la propia UNED, el Gobierno de La Rioja, Ayuntamiento de Logroño, Cajarioja e Ibercaja; ahora, sólo los institucionales), ni con las asignaciones y recursos. El voluntarismo de la mayor parte de sus trabajadores y docentes (la de Barriocepo siempre ha sido una casa abierta) y el de los propios estudiantes ha servido para que la nave se mantenga a flote y cada año salgan de sus muros egresados por méritos propios. Parece el momento de acabar con su imagen de 'hermana pobre', de apostar por ella de manera decidida y, sobre todo, de mantener el rumbo de una institución cada vez más necesaria.