La Rioja

Haciendo la calle
/ Estampa de la calle Rodríguez Paterna en el año 1992. Juan Marín

Haciendo la calle

La calle Rodríguez Paterna -de Paterna, según se indica al comienzo frente al hospital- se llama así en homenaje al que fuera gran alcalde de Logroño José Rodríguez de Paterna, en sustitución de calle la Villanueva, como se le siguió llamando popularmente durante mucho tiempo. A los pocos días de morir (1896) y en atención a lo mucho que había hecho por la ciudad que le vio nacer, vivir y morir en aquella calle, el Ayuntamiento acordó darle su nombre a la de la Villanueva, según recoge el recordado Jerónimo Jiménez, cronista oficial de la ciudad, en su meritísimo trabajo sobre las calles de Logroño (1987).

Del recorrido desde sus inicios en la actual plaza de Amós Salvador hasta su final en la avenida de Viana, se pueden entresacar numerosas referencias, muchas de ellas enterradas en el olvido. La pescadería El Chato, en el edificio que da entrada a la calle, frente al bar Royalty, que fue sede del inicio del Club Taurino de Logroño por un grupo capitaneado por el popular Torino. La pescadería en cuestión la llevaba un gran aficionado al fútbol que se distinguía por su estentórea presencia en el viejo Las Gaunas animando continuamente al equipo logroñés que entonces capitaneaba el recordado 'Caparrones'. Por su vinculación al negocio de la pesca se le conocía como 'Chicharro' y se recuerda que tuvo dos hijas que se le fueron monjas. Junto a la pescadería se instaló la carnicería de Valentí, exclusivamente dedicada a la carne de equino y posteriormente el bar El Caballo Loco. Siguiendo el itinerario de la calle se encontraba la residencia de los Jesuitas, recientemente demolida y donde, anteriormente, había residido el alcalde homenajeado.

En la acera de los pares quedan recuerdos de la droguería de Orruño, las panaderías de Estefanía y Benito y la taberna La Viga, que se hizo muy popular cuando se hizo cargo de ella el entonces joven futbolista Ángel Gil Vallepuga, a quien las cuadrillas de asiduos chiquiteros le interpretaban una canción alusiva a su condición de futbolista, un tanto medrosa, al parecer. Tenía un pequeño comedor donde servían besugo asado, que hizo furor. Enfrente estaba el comercio Los Tres (Herraiz, Vea y Rodríguez), el marmolista Eguren, el pub Miami, de amables señoritas, donde anteriormente había estado la fontanería de Luis Collado y una tienda de comestibles muy popular que llevaba Nicanor. Enfrente, haciendo esquina con la calle los Baños estuvo la carpintería de Bacigalupe, especialista en puertas y ventanas, para encontrar más adelante el gran edificio donde se albergó la sede donde se les enseñaba a los aprendices el espíritu nacional, o algo así, afortunadamente convertido en Archivo Histórico Provincial de importante contenido.

Justo enfrente se encuentra la Cocina Económica, la magnífica institución benéfica que se creó en 1894 y que mantienen en ejemplar esfuerzo las Hijas de la Caridad. Enfrente se mantiene el edificio que fue la Escuela del Padre Marín, convertido después en un centro de Salud. Queda por señalar el Centro de Alojamiento Alternativo haciendo esquina con San Gil y para terminar un edificio de viviendas con cuatro alturas que en su construcción los cimientos afectaron a la sede gastronómica El Bodegón, de la calle Mayor, y finalmente el bar La Puñalada, cobijo de trasnochadores, actualmente cerrado.