La Rioja

Entre malos sueños y pesadillas

Efectivos del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (GEAS) de la Guardia Civil recorren el Ebro en busca de una persona desaparecida. :: L. R.
Efectivos del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (GEAS) de la Guardia Civil recorren el Ebro en busca de una persona desaparecida. :: L. R.
  • La Rioja acumula cada año unas 170 denuncias por desaparición de personas, la mayoría resueltas en horas o días

  • Pilar Tolosa, desaparecida en Logroño en el 2008; y Mari Carmen Otero, en Calahorra en el 2003, los dos casos antiguos todavía activos en La Rioja

Se teme que las escasas cifras oficiales existentes sobre personas desaparecidas en España estén a años luz de la realidad, pero incluso los escuetos datos de que se disponen hablan de un problema cruel y de dimensiones monumentales. Un drama que reina en el ranking de pesadillas más temidas para padres, hijos, hermanos, abuelos...

El circo mediático que rodea todavía hoy el caso de Diana Quer, la joven madrileña de la que se perdió todo rastro en la madrugada del pasado 22 de agosto en A Pobra do Caramiñal (La Coruña), o la desesperada búsqueda de Manuela Chavero, la mujer de 42 años en trámites de separación y madre de dos hijos de 14 y 6 años, desaparecida desde la madrugada del 4 de julio en Monesterio (Badajoz), en cuyo hogar, con las luces encendidas y la tele puesta, aparecieron su cartera y su teléfono móvil, han devuelto a la primera línea de actualidad un asunto que forma parte del día a día de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y, sobre todo, de miles de familias, algunas en vilo y otras directamente destrozadas por el dolor.

Cada año se interponen en España más de 20.000 denuncias por desapariciones de personas y, de hecho, en lo que llevamos de año se acumulan ya 14.473 entre el 1 de enero y el 2 de septiembre, según los datos aportados esta semana a Diario LA RIOJA por el Ministerio del Interior, que aclara que 13.203 de ellas ya han sido resueltas. Sin embargo, las otras 1.270 son casos aún abiertos.

La Rioja, con casi una denuncia cada dos días, unas 170 anuales, no es ajena a esta pesadilla que, afortunadamente, en la mayoría de los casos se queda en un mal sueño, en un susto de unas horas o unos pocos días. Con una treintena de denuncias en las dependencias regionales de la Guardia civil, el grueso acaba en la sede de la Jefatura Superior de Policía de La Rioja. «Son unas 150 denuncias anuales. Por ejemplo, el pasado año contabilizamos 149, de las que 128 fueron por la desaparición de menores y las otras 19, de adultos. La cifra no ha variado mucho en los últimos años, como tampoco el perfil de los desaparecidos, ya que un alto porcentaje suelen ser adolescentes», aclara José Sanz, inspector jefe y jefe de la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) de La Rioja.

«El 95% de las denuncias e incluso más se resuelve favorablemente en menos de 24-48 horas o en unos días. Aunque se calcula que solo el 0,1% de todas las denuncias son catalogadas como inquietantes o de alto riesgo, el porcentaje es incluso menor aquí en La Rioja porque hablamos de una comunidad autónoma pequeña y, además, muy segura, como lo acreditan sus bajísimos índices de criminalidad», añade Sanz.

«Que no sean inquietantes o de alto riesgo no quiere decir que no actuemos. Nosotros tenemos todo protocolizado y, además, nuestra obligación es investigar todas las denuncias, aunque lógicamente lo que tenemos que hacer es discriminar el tipo de desaparición», explica el jefe de la UDEV que tumba de inmediato uno de los falsos mitos sobre las denuncias: «No hay un plazo de espera para poder denunciar, esa es una idea que tiene la gente por las películas y series americanas. Cualquier persona que quiera denunciar una desaparición puede hacerlo en cualquier momento y, de hecho, si hablamos de un niño o de una persona mayor con una demencia hay que denunciar de inmediato y lanzar la alerta desde el primer momento».

La recepción de la denuncia pone en marcha el protocolo y la inclusión del nombre y el resto de datos del desaparecido -en rojo y con alertas- en la Base de Datos de Personas Desaparecidas y Restos Cadavéricos, la aplicación nacional que comparten los Cuerpos de Seguridad del Estado; y también su inserción en la base de datos internacional del SIS, el Sistema de Información de Schengen, al que tienen acceso Policía Nacional, Guardia Civil, Mossos de Esquadra, Ertzaintza, Policía Foral de Navarra y cuerpos policiales de otros países.

Mientras, las primeras indagaciones policiales permitirán determinar si se trata de un caso de riesgo limitado o no. «Si es de alto riesgo o inquietante lo comunicamos a la UDEV central en Madrid, que es la encargada de coordinar todos esos casos; y lo ponemos en conocimiento del juez. Además, se procede a una inspección ocular junto con Policía Científica del domicilio y de los lugares donde fue vista esa persona por última vez; se amplían las tomas de declaraciones a familiares y allegados; se difunde la foto y los datos del desaparecido; se trata de investigar el móvil, las tarjetas de crédito y los posicionamientos de posibles personas sospechosas; se organizan, si procede, batidas y rastreos; y la Policía Científica realiza una toma de muestra de 'adn' a los familiares», resume Sanz.

Un listado sin rastro

«Investigamos todas las denuncias, pero todo depende de cada caso y de que tengamos algún hilo del que tirar. Que no se puede hacer nada no me gusta decirlo, pero es cierto que hay en algunos casos en los que podemos hacer poco. Pese a todo, nunca damos un caso por cerrado, primero porque nos ponemos también en la piel de la familia de todo desaparecido», concluye el jefe de la UDEV.

Todos esos episodios sin resolver pasan a engrosar la base de casos activos o abiertos. Algunas fuentes calculan que a día de hoy hay unas 14.000 personas en España de las que se perdió el rastro y no existe pista alguna sobre su paradero; sin embargo, el Ministerio del Interior solo reconoce unas 3.500 desapariciones sin resolver entre 1977 y el 2014, un catálogo en el que figuran nombres que, como hoy Diana Quer, llenaron cientos de páginas de periódicos y de horas de televisión, como David Guerrero Guevara, el niño pintor de Málaga que se esfumó hace más de 29 años, y que hace unas semanas fue declarado oficialmente muerto con fecha del 6 de abril de 1997, a los diez años de su desaparición; o Yéremi Vargas, el pequeño de siete años al que se perdió la pista, el 10 de marzo del 2007, en la localidad grancanaria de Vecindario; o Alberto Pérez Elvira, que a sus 13 años se 'volatilizó' en Lanzarote hace 43 años.

¿Y en La Rioja? Pues también en esa bolsa del drama y del dolor de las familias por la incertidumbre figuran dos casos remitidos desde la comunidad: el de María del Carmen Otero Taboada, una coruñesa de 46 años afincada en Calahorra, que desapareció sin dejar rastro alguno hace casi 14 años, el 18 de abril del lejano año 2003; y el de María Pilar Tolosa Sáinz, de 64 años, vista por última vez en Logroño el 10 de diciembre del 2008.