La Rioja

LA DECISIÓN

El próximo viernes se cumplirán 34 años de la histórica victoria del PSOE en 1982. Felipe González, ahora denostado lo mismo por activistas antisistema que por algunos de sus propios correligionarios, llevó entonces a su partido hasta el Gobierno de la recién estrenada democracia española con un mensaje reformista que cautivó a una amplia mayoría de electores. El partido que desde aquel momento ha permanecido más tiempo al frente del Ejecutivo español se debate hoy entre una refundación necesaria para superar su fractura interna y la inanidad.

Amenazado, y es posible que también acomplejado, por la fuerza emergente de la ensoñación populista, el PSOE se enfrenta en esta jornada a una decisión capital para su futuro. La determinación que el Comité Federal debe adoptar no se resume en la posibilidad de dejar paso a un nuevo, y probablemente breve, Gobierno presidido por Mariano Rajoy. Lo que se va a dilucidar en Ferraz es más que una mera instrucción al grupo parlamentario en el Congreso para que sus diputados voten 'no' o se abstengan ante una nueva tentativa de investidura por parte del candidato del Partido Popular. Ni siquiera se trata de elegir entre dar carpetazo a la XII Legislatura e ir a nuevas elecciones o facilitar la recuperación de una mínima normalidad institucional, aunque sea a cambio de mantener en el Gobierno a su rival histórico.

Más allá de todo eso, y sumido en la provisionalidad orgánica sobrevenida desde el descabalgamiento de Pedro Sánchez, el máximo órgano del PSOE entre congresos empieza a definir este domingo los perfiles de la propuesta con la que el partido quiere comparecer ante la sociedad en el futuro: si prefiere mantener su acreditación ante los electores como una fuerza ratificada en el papel moderado que ha desempeñado desde la Transición o se echa al monte en un intento desesperado por recuperar el espacio electoral que le ha arrebatado Podemos. En definitiva, si continúa abanderando una alternativa política caracterizada por su perfil reformista y social o, por el contrario, se deja seducir por la idea de que la radicalidad es la mejor vía para liberarse de los fantasmas que le inquietan de un tiempo a esta parte por su izquierda.

Algunas experiencias recientes demuestran que la pérdida de peso de la socialdemocracia en algunos países de Europa ha sido directamente proporcional a la polarización de las formulaciones políticas. Ocurrió en Grecia, donde el PASOK quedó reducido a una expresión mínima a costa del crecimiento de Syriza, e incluso en Cataluña, donde la tibieza de los socialistas ante el embate recalcitrante del soberanismo ha relegado al PSC hasta una posición muy alejada de la relevancia que tuvo hasta no hace mucho tiempo.

Los partidarios de cortar el paso al candidato del PP han jugado todo su capital a una sola apuesta que, de salir ganadora, aboca a las terceras elecciones en menos de un año. Y también, muy probablemente, a un proceso de devaluación de su propia marca en el mercado electoral. En esta tesitura, frente al discurso de quienes sostienen que lo prioritario es apartar al PP del poder, cueste lo que cueste, un sector notable de la dirigencia del PSOE entiende la abstención como un acto de defensa propia, algo así como la vacuna que, adelantándose al pródromo, introduce en el organismo el agente causante de una enfermedad pero ayuda a generar anticuerpos para prevenir el padecimiento de un mal mayor.

Con el PASOK convertido en una referencia tan indeseable como inevitable, la convocatoria de nuevos comicios abocaría a los socialistas a improvisar en cuestión de días un nuevo candidato -dando por supuesto que no permitirán repetir al que decapitaron hace sólo tres semanas-; a competir en evidente estado de debilidad por la conservación del protagonismo asociado a la condición de segunda fuerza política del país y, si se cumple el pronóstico de las encuestas, a tragarse sin remedio a Rajoy dentro de dos meses como presidente del Gobierno con una ventaja parlamentaria ampliada.

Los cinco riojanos que forman parte del Comité Federal se han alineado con el grupo de los que opinan que merece la pena asumir el riesgo. De hecho, hoy se sumarán a los postulantes del «no hasta el infinito» y, por tanto, del fin de la Legislatura, aunque el único socialista que obtuvo acta de diputado en el Congreso por esta circunscripción, César Luena, ya ha adelantado que acatará con disciplina la decisión que se adopte por mayoría. Algo que adquiere valor especial viniendo de quien ha sido secretario de Organización de un partido en el que barones con ínfulas de reyezuelos, a los que nadie se ha atrevido a poner las peras al cuarto, se permiten el lujo de amenazar con hacer lo que les plazca, como si -muy al estilo de los líderes independentistas catalanes- la democracia mereciera ser derrotada por la expresión insolidaria de lo que a cada cual le pide el cuerpo.