La Rioja

Un viaje de cien años

Diario LA RIOJA recibió uno de los premios a entidades colaboradoras con el centenario del Moderno. :: diaz uriel
Diario LA RIOJA recibió uno de los premios a entidades colaboradoras con el centenario del Moderno. :: diaz uriel
  • El Café Moderno protagonizó ayer una feliz jornada festiva para celebrar su centenario, entrega de premios incluida

Logroño. «Hombres de diversas estirpes, que profesan diversas religiones y que hablan en diversos idiomas, han tomado la extraña resolución de ser razonables» dejó escrito el maestro Borges. El escritor argentino probablemente ignoraba cuando entregó a la imprenta aquellas evocadoras palabras que su sentencia podía aludir a mil y una aventuras de la humanidad, pero desde luego también sirven para describir con exactitud forense la peripecia que acaba de vivir el Café Moderno.

Porque el centenario local de Martínez Zaporta ha protagonizado durante el último año una proeza que sólo puede atribuirse al ingenio y la fe de un grupo de personas que un día resolvieron ser razonables. Los comandaba el incombustible Mariano Moracia, rodeado por sus dos familias: la que forman sus parientes más cercanos y la integrada por los trabajadores del establecimiento. A su vera surgió el afilado verbo del periodista Luis Javier García, reclutado para la feliz causa: poner negro sobre blanco la historia del café.

Más adelante, a esa prodigiosa singladura se fueron embarcando otros amigos del Moderno. Su empeño cristalizó en las páginas de este periódico: Diario LA RIOJA, tan vinculado a la biografía del café puesto que compartieron sede en el Logroño de antaño, fue publicando esa historia del Moderno como los folletines antiguos. Por capítulos. Una serie dominical que contó con el favor del público y que se acabó plasmando en un libro también de gran éxito, donde no sólo se relataba la trayectoria propia del local, sino que se profundizaba en cómo los acontecimientos propios de la centuria se iban materializando entre los venerables veladores del café, su delicado maderamen y su célebre reloj de marca Coppel.

La primera edición de ese volumen acaba de agotarse, prueba del cariño que sus clientes (los asiduos, los menos habituales) sienten por estos breves metros cuadrados que ejercen como depositarios de la memoria de toda una ciudad. Una estima que se corroboró de nuevo ayer: amigos y demás parientes se reunieron en el café para brindar por su primer centenario y desearle larga vida. Hubo aperitivo matinal con foto incluida (modelo belleepoque, propio de la época en que nació el Moderno); hubo por supuesto entrega de premios a personas y entidades colaboradoras en los fastos del centenario (Diario LA RIOJA entre ellas); y hubo traca final, con un concierto de Los Átomos.

También hubo una común sensación de nostalgia entre los asistentes. La melancolía propia de quienes saben que dejan atrás no sólo un año imborrable, desbordante de grandes momentos de magia, sino un largo siglo de peripecias que configuran la vida de tantos y tantos logroñeses. Todos esos hombres que una vez tomaron la extraña resolución de ser razonables.