La Rioja

Escobar y Martín, durante 
el pleno de ayer. :: d. uriel
Escobar y Martín, durante el pleno de ayer. :: d. uriel

EL LABERINTO DE LOS CARACOLES

Qué tiempos aquellos en que una derrota del PP en el Parlamento todavía era noticia. Los días en que nos hubiéramos frotado los ojos atendiendo al presidente del Gobierno de La Rioja coincidir en voz alta con nada menos que Pablo Iglesias (el joven). Los años en que aún resultaba extraña la intervención de un consejero desde su escaño para confesar que venía de entablar tertulia con los inmigrantes arracimados alrededor de la estación de autobuses de Logroño.

Pero ya nada nos sorprende. Será porque vivimos días raros. En medio del viacrucis judicial del PP, resulta que se desmorona... el PSOE. Y en medio de otro viacrucis, llamado pleno del Parlamento, irrumpe un comunicado del Colegio de Médicos, gracias al cual los riojanos nos podemos enterar de que eso de llevar al crío al pediatra está pasado de moda. Que donde esté un médico de familia, convertido en navaja suiza del sistema de atención primaria, que se quiten esas minucias de las especialidades médicas. Días raros, sí.

Normal por lo tanto que triunfe entre nosotros la confusión y alcance de lleno al mismo consejero a quien habíamos dejado antes de cháchara con los temporeros. Porque el interesado, Conrado Escobar, acabó siendo víctima de estos días tan raros cuando se fue de excursión por historia de la literatura en español hasta convertir 'El laberinto de las aceitunas', la impagable novela de Eduardo Mendoza, en otro título de evocador nombre: 'El huerto de los caracoles'.

¿En qué estaría pensando el multiconsejero? Tal vez, tal vez, le traicionó el subconsciente y le condujo a meditar sobre la curiosa vida de ese pequeño animal de lentísimos movimientos. Lentos pero seguros. Donde puede que tropezara con una pertinente metáfora del Gobierno al que sirve, con esa misma divisa: lentitud y a ver qué pasa. Modelo Rajoy, a quien por cierto el propio Escobar acabó citando durante la sesión. Fue durante otro momento de lucidez, cuando aceptó que en el exconvento de La Merced «a veces pecamos de grandilocuencia». O cuando reconoció que los miembros que acompañan a José Ignacio Ceniceros en su equipo «alguna vez hemos cometido errores».

En efecto. Errores. Como eso de confundir las aceitunas con los caracoles. O cuando uno se despista por ese laberinto que acaba donde acaban todos los laberintos: llevándote al huerto.