La Rioja

El sabor exótico del valle del Iregua

El sabor exótico del valle del Iregua
  • El kiwi se cultiva en La Rioja desde hace dos décadas, aunque sólo ocupa 5 hectáreas

El kiwi se suele asociar a latitudes subtropicales y, sin embargo, su cultivo está presente en la comunidad autónoma desde hace más de veinte años.

David Flores, del establecimiento situado en Logroño Frutas y Verduras Flores, se decidió a plantarlo en sus fincas de Lardero como «una alternativa a lo que se tiene normalmente». «No quería poner todos los huevos en la misma cesta», completa. Y no le ha ido mal, ya que según explica, y al contrario de lo que pudiera pensarse, Lardero y la zona del valle del Iregua reúnen las condiciones idóneas «porque cuentan con tierra de cascajo, que drena bien para que no se acumule el agua».

No en vano, el kiwi es un frutal muy sensible a la asfixia radicular, por lo cual se debe atender cualquier labor que evite el encharcamiento del terreno. Además, requiere un clima templado.

Dado que estos condicionantes los satisface el valle del Iregua, Flores precisa que, al margen de él, en este área se localizan dos productores más. Ambos en Albelda.

En conjunto, La Rioja contaba en el 2015 (último ejercicio disponible) con un total de 5 hectáreas dedicadas al cultivo del kiwi, según datos facilitados por la Consejería de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente.

Prácticamente constituye una anécdota, pero haberlo haylo, aunque la superficie reservada para su plantación no experimenta variaciones significativas. Desde hace dos décadas se mueve en la horquilla entre las 6 y las 4 hectáreas. En el 2014 se bajó a 4 hectáreas, entre el 2013 y el 2005 ocupó 5 hectáreas y alcanzó 6 en el 2003 y 2004.

Extendido por el norte

Quizá que se piense en él como una fruta exótica no contribuye a su extensión, si bien su cultivo lleva mucho tiempo presente en Galicia y la cordillera cantábrica, donde se obtienen buenos resultados por su ambiente húmedo.

No obstante, el kiwi, cuyo nombre científico es actinidia chinensis, procede de las montañas de China. Se introdujo en Nueva Zelanda a principios del siglo XX, en los setenta comenzó a ganar terreno en Estados Unidos y en los ochenta llegó a Brasil. Luego vino a España.

Flores destaca que se trata de un cultivo bastante cómodo. El sofocante calor de este verano no le ha afectado en demasía, ya que «soporta bien las temperaturas». A su vez ofrece una «gran ventaja económica», dado que «a día de hoy no hay insectos que le ataquen». Como mucho, apunta, requiere un tratamiento en primavera en la raíz «y tampoco lo das todos los años».

Produce de 10.000 a unos 11.000 kilos por hectárea y presenta un «precio majo», puesto que el agricultor percibe entre 90 céntimos y un euro por kilo.

El fruticultor de Lardero confía en que en el 2016 vuelva a ser así, ahora que se aproximan las fechas de recolección en torno a Todos los Santos. Dice que todo dependerá «de lo que entre de Italia, el mayor productor mundial».