La Rioja

Una historia con mucho gusto

Roberto Ruiz de la Cuesta, Emilio Gómez y Tomás Sáenz Miera, el día de la inauguración. :: l.r.
Roberto Ruiz de la Cuesta, Emilio Gómez y Tomás Sáenz Miera, el día de la inauguración. :: l.r.

Roberto Ruiz de la Cuesta era un joven camarero el día de la inauguración de 'El Rincón de Emilio', el afamado restaurante de Santo Domingo de la Calzada, que abrió sus puertas en 1968 y las cerró el pasado 12 de septiembre.

Roberto recuerda perfectamente el menú que atraía como un imán a mucha gente -especialmente vascos- hasta el restaurante; tanta que había que reservar con días de antelación y muchas veces se formaban dos y tres turnos de comensales. «Se preparaban unas colas enormes, hasta 30 o 40 personas esperando para comer», dice.

Era un menú de tres platos, a elegir entre un primero de potaje de garbanzos o menestra de verduras; de segundo, trucha o revuelto de champiñones, y, de tercero, pimientos rellenos o ternera a la jardinera, más el postre.

La costumbre del establecimiento, en aquellos años, era dejar la perola en medio de la mesa, para que los clientes se sirvieran lo que quisieran. Pero muchos aprovechaban la norma para ahorrarse algunos cubiertos. «Pedían para cuatro pero comían seis, por ejemplo», recuerda Roberto. Tanto cundían las ollas que el dueño decidió suprimirlas, en pro del negocio, y servir a cada cliente un plato.

Por el restaurante, de lo mejor durante muchos años en un entorno geográfico muy amplio, han pasado infinidad de personalidades del mundo de la política o la cultura y famosos, como el cantante Julio Iglesias, que se llevó a Roberto en su coche a inaugurar la sala de fiestas Managua, escoltados por la Guardia Civil.

En 1981, Emilio Gómez selló con un apretón de manos el traspaso del restaurante a Roberto García Espinosa. Este, en 1995, lo pasó a su hijo Pedro García, quien junto a su mujer Carmen Toset ha regentado el negocio hasta hace prácticamente un mes, escribiendo así un punto final que ya planificaron mucho tiempo atrás.

«Nuestra intención era trabajar 15-18 años y sí veíamos que nuestros hijos estaban interesados en seguir, retirarnos y echarles un cable», explica Pedro. Pero no ha sido así; la descendencia sigue otras trayectorias, lejos de la plaza Bonifacio Gil. Así que decidieron apagar los fogones: fin de una etapa, que reabre otra sobre algunos proyectos.

«La hostelería requiere mucho sacrificio, dedicación y compromiso y creo que ya hemos sufrido el desgaste de todos estos años», explica Pedro, que añade: «Cuando llevas mucho tiempo te estancas y puedes llegar a la decadencia. No queríamos una muerte anunciada, por lo que 'El Rincón de Emilio' se cierra hasta que venga alguien que quiera continuar con él».

Atrás dejan 21 años de «entrega, al pie del cañón, pero al igual que dejamos mucho de nosotros en el restaurante también hemos recibido mucho de él». Desde Santo Domingo, con mucho gusto.