La Rioja

La casa de las federaciones

Asistentes a la reunión de la asamblea del PSOE logroñés el pasado viernes. :: díaz uriel
Asistentes a la reunión de la asamblea del PSOE logroñés el pasado viernes. :: díaz uriel
  • «Sois socialistas no para amar en silencio vuestras ideas ni para recrearas con su grandeza y con el espíritu de justicia que las anima, sino para llevarlas a todas partes»

Pablo Iglesias (Fundador del PSOE)

En un país normal, con una escena pública convencional y un rutinario funcionamiento de la vida interna de los partidos, la reanudación del curso político sólo debería haber traído buenas noticias para el PSOE, beneficiario directo del penoso calendario jurídico que azota estos días a su principal rival. Por el contrario, su incapacidad para que todas las cámaras estuvieran enfocando hacia el calvario judicial del PP, con gran parte de sus antiguos (y no tan antiguos) dirigentes sentados en el banquillo por distintas y vomitivas causas, sólo admite comparación con su habilidad para irse pegando tiros en el pie.

Un partido bien engrasado hubiera sabido extraer sobresalientes réditos electorales de semejante coyuntura, igual que en un ámbito más cercano un partido menos ensimismado y conformista hubiera sabido hace tiempo exprimir a su favor la división intestina que caracteriza al actual PP de La Rioja, con sus principales mandatarios compitiendo entre sí desde hace un largo año en mirarse el ombligo y zancadillear al compañero de filas. De modo que la impericia socialista para aprovecharse de las torpezas de sus contrincantes del PP sirve como prueba definitiva de su decadencia. Se trata tal vez de la inercia propia de un partido que, como dejó sentenciado Felipe González (el joven), siempre estará sometido a los vaivenes de su alma tan anarquista.

El PSOE tiende a justificar su eterna propensión a convertir cada sede en una jaula de grillos como prueba inmejorable del estupendo estado de revista que presenta la discusión interna. Como si en lugar de navajearse por los pasillos sus responsables y militantes se pasaran el día filosofando, de coloquio en coloquio, en efervescente y continuo debate ideológico. Cierto que hay voces que, en medio de la confusión habitual, procuran que el guirigay derive hacia algo parecido a la discusión razonada, pero incluso antes de que existieran las redes sociales el PSOE ya era viral. Y a sus miembros les ocurría como a cada español aficionado al fútbol: todo militante lleva incorporado de serie el carné de seleccionador. Lo cual depara un barullo permanente del que las respectivas cúpulas han pretendido escapar aplicando la cartilla el buen marxista-leninista, cuyos mandamientos se resumen en uno: al enemigo, ni agua. Sobre todo si es de casa.

Con una particularidad. Que el actual terremoto genera una onda expansiva cuyos efectos han dejado sobre la lona a todos los afectados. Sin fuerzas siquiera para la protocolaria sesión de meterse mutuamente el dedo en el ojo. Lo cual se dejó notar en la asamblea que el PSOE logroñés convocó el viernes: predominó, según las fuentes consultadas, una sensación generalizada de pesar que evitó profundizar en el disenso. Fueron tomando la palabra las voces de rigor (Ortega, Prieto, Loza, Arráiz, Martínez Sanjuán, Ruiz, Alonso, Buzarra y demás familia socialista) y algunas menos habituales, con una conclusión unánime: el partido está mal. Muy mal. Y, sobre todo, no sabe qué camino conduce a la salida del laberinto, porque no existe entre todas las fuerzas en liza ningún mínimo común denominador.

El cónclave acabó con buenos y gaseosos deseos mutuos, como en esas cenas de Navidad orquestadas entre quienes hacen una tregua para dejar de odiarse cordialmente durante un rato. Ni siquiera se llegó a votar si los socialistas logroñeses son partidarios de abstenerse en la investidura de Rajoy o se mantienen fieles al no que esgrimía su líder, César Luena, porque la discusión encalló donde suele: en los interminables vericuetos burocráticos sobre la interpretación del reglamento. «Hubiera ganado el no», aventura un asistente. En realidad, da un poco lo mismo. Porque de la melé actual en que ha ingresado el PSOE tardará en salir. No hace falta ser futurólogo para alcanzar tal conclusión: basta comprobar que uno de los dirigentes más aplaudidos en el sábado de terror vivido en Ferraz fue el catalán Miquel Iceta. El mismo que sólo unos días después propuso que España se convierta en una federación que reconozca la plurinacionalidad.

Triste destino el del PSOE. De la casa de los líos, a la casa de las federaciones.