La Rioja

PASARELA INVISIBLE

Sólo la Oberta catalana supera en número de alumnos 'on line' a la UNIR: ese campus virtual alojado en La Rioja que desde ayer es algo menos virtual, porque su flamante sede permite concentrar recursos y esfuerzos y favorece su estimulante presencia para el orden educativo regional. De esas cifras de alumnado presumían (en voz baja) sus responsables cuando paseaban por sus recién estrenadas instalaciones, mientras dejaban caer otras estadísticas incorporadas a la voluminosa documentación entregada a la prensa: entre ellas, ese dato de ocupación laboral que convierte a la UNIR en una de las primeras empresas riojanas por número de empleados.

Lo cual es compatible con el peso que alcanzan otros datos menos sólidos. Más gaseosos. O líquidos. Intangibles de gran valor: por ejemplo, su conexión con la sociedad riojana a través de los proyectos que tutela o promueve. O su capacidad para estimular el conocimiento y satisfacer las inquietudes de esos centenares de estudiantes riojanos, pocos en comparación con el total, que a una edad madura han encontrado la feliz manera de convertirse en universitarios. Por el camino que lleva desde sus desperdigadas sedes de Logroño hasta el compacto edificio actual, la UNIR ha protagonizado una historia de éxito, con algún nubarrón: allá al fondo se observa, desde la azotea de su edificio, el vecino campus de la Universidad de La Rioja, con la cual pleiteó incluso en los tribunales.

Así que de lo virtual, a lo real: ah, la realidad. Porque la realidad impone su propio ritmo, como se deduce de esa alta cuota de jóvenes trabajadores de la UNIR que se distribuyen por la sede de avenida de la Paz... pero fueron formados en la cercana UR. De modo que una pasarela invisible conecta a ambas universidades. ¿Una pasarela que promete un futuro compartido? De momento, el presente ya lo es: trabajadores de ambos campus se toman ahora el cafelito en el bar del Quintiliano. Y eso une mucho.