La Rioja

Medio año de sequía en La Rioja causa graves daños en los cultivos y deja sin pasto al ganado

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Las ruinas del antiguo Mansilla han vuelto a emerger un otoño más con el habitual descenso en el nivel de agua. / JUSTO RODRÍGUEZ

  • La región recoge en los últimos seis meses el 60% menos de agua, aunque el año hidrológico se 'salva' por los diluvios de enero, febrero y marzo

La Rioja parece vivir en un perpetuo verano desde hace más de seis meses, con los termómetros en registros históricos y los paraguas y chubasqueros cuarteados por falta de uso.

Octubre, embustero en su arranque, con nubes y cuatro gotas que apenas llegaron al suelo en su estreno, no ha cambiado la tendencia de sequía meteorológica que arrastra la región desde hace ya medio año, tras una primavera y un verano que destacan ya en las estadísticas por su extraordinaria racanería en la aportación hídrica. Los 214 litros que históricamente recibe el suelo riojano entre abril y septiembre no han pasado en estos últimos seis meses de 90,7, el 60% menos.

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Con las necesidades de agua de boca garantizadas con los hectómetros cúbicos atesorados en los pantanos de la región -33,2 en los tres pantanos que gestiona la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE)-, la agricultura y la ganadería riojanas son las grandes damnificadas de una situación a la que sirve de poco consuelo el optimista cierre del recién concluido año hidrológico 2015-16. Clausurado el 30 de septiembre, se ha despedido con un engañoso y leve déficit del 15,3% y sólo 62,1 litros por metro cuadrado en el epígrafe de los números rojos gracias a las rentas de un trimestre invernal de escasas nieves pero abundantes diluvios.

De hecho, en los tres primeros meses de este 2016, los cielos regaron La Rioja con 187,1 litros por metro cuadrado -62,7 en enero, 75,2 en febrero y 49,2 en marzo-, 110,1 por encima de la media histórica de 77, lo que llenó las despensas tras un otoño irregular, con menos lluvias de las esperadas en octubre y noviembre y un inesperado diciembre de 2,6 litros, a años luz de su registros medios de 38.

Tras el espléndido invierno, lo peor estaba por llegar. La primavera se despidió con un déficit del 61,38% y sólo 52,9 litros de los 137 que le atribuyen los registros de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) desde 1981. Abril, un mes de 46 litros se quedó en 21,5; mayo (47), en 21,7; y junio (44), en 9,7. Mientras, el verano meteorológico solo aportó la mitad de la cosecha hídrica tradicional riojana de 77 litros, con 21,4 en julio y los pírricos 8,2 tanto en agosto como en septiembre. Nunca llueve a gusto de todos y, a veces, ni siquiera llueve.

Con el ojo en el cielo

Los agricultores no quitan ojo al cielo riojano a la espera de que, una vez concluida la vendimia, se llene de las añoradas nubes. La falta de lluvias suficientes en los últimos seis meses han provocado quebraderos de cabeza a un agro sediento que, pese a todo, no fue la primera víctima del déficit hídrico.

«Los primeros efectos de la sequía se dejaron notar en la ganadería, ya que el pasto en verano fue el primer damnificado. Los ganaderos tuvieron que echar mano del forraje guardado para el invierno, lo que supone un aumento de los costes de producción porque ese forraje se compra y, además, al haberlo gastado, tendrán que adquirir pienso para el invierno», resume Leticia Olasolo Viteri, de los servicios técnicos de UAGR.

La falta de lluvias también repercutió en la agricultura, resalta Olasolo, quien recita algunos cultivos afectados: «El girasol, donde la cosecha, además de adelantarse pero sin la maduración óptima, ha provocado que los rendimientos sean un 50% por debajo; y las hortalizas, que han sufrido mucho, sobre todo acelga, tomate y pimiento».

Respecto a la joya de la corona riojana, el viñedo, la técnico de UAGR explica que la falta de agua «ha afectado a las expectativas de producción que teníamos hace unas semanas y a la maduración, que va muy lenta». No obstante, aunque aclara que «hace una semana o dos hubiesen sido positiva la lluvia», advierte de que «a partir de ahora es mejor que sigan estos días de sol».

Un diagnóstico que también rubrica José Antonio Torrecilla, secretario general de Arag-Asaja, quien coincide en que «es mejor que no llueva ya porque aunque la evolución de la maduración va lenta, es mejor que siga así, soleado y caluroso de día y fresco por las noches».

Una y otro también miran al futuro inmediato con cierta preocupación, ya que de proseguir la sequía se complicarán las tareas de siembra del cereal y, además, podría afectar a cosechas como las de oliva, como se presume que va a suceder con la ya iniciada de la almendra.