La Rioja

Manos africanas para el trabajo más riojano

El momento del almuerzo sirve para bromear entre unos y otros. :: m. f.
El momento del almuerzo sirve para bromear entre unos y otros. :: m. f.
  • Aunque siguen siendo mayoría los rumanos y portugueses, hay también decenas de africanos trabajando en la vendimia riojana

  • Ibu es uno de los temporeros que trabajan estos días en la vendimia

calahorra. Es casi mediodía. Cae el sol a pedazos a pesar de estar a finales de septiembre pero la zona de la Marcú, en Calahorra, muestra ya colores otoñales. La naturaleza continúa su ciclo y aunque la vendimia está en su esplendor en La Rioja Baja los rojos cobrizos empiezan a asomarse entre las viñas de los terrenos más altos de la ciudad.

Las vistas de gran parte de la urbe son espectaculares desde aquí. Un poco más abajo ocho jóvenes se afanan en los trabajos de vendimia. Cunacho en mano. Se oye algún cántico desde el camino. No son canciones populares de la tierra porque ya son pocos los riojanos que se encargan de la recogida de la uva.

Hay portugueses; son la mayoría. Pero también está Ibu. El color de su piel evidencia que él no llega de cerca. Es de Gambia. Un pequeño país que limita al sur con Senegal y que en la actualidad se ha convertido en el quinto país africano emisor de inmigrantes en Europa. Él llegó a España hace poco más de dos años. Sus padres ya vivían en Lérida. No necesitó sufrir las embestidas del Atlántico en una patera como tantos compatriotas que se dejan la vida en el intento por llegar a la 'tierra prometida'. Él llegó en avión. Intentó encontrar trabajo. Incluso estudió español durante tres meses en Barcelona para que fuese más fácil labrarse un futuro en España. Pero no hubo manera.

Ahí empieza la historia de Ibu temporero. Cada año es el mismo cuento. Recorrer parte del país en busca de las campañas que ofrece el campo. Empieza en Lérida con la fruta y va bajando por la costa mediterránea. Valencia, Murcia y de allí, luego hacía aquí, a La Rioja. Lleva un mes entre nosotros y ha pasado por terruños de muchos productos de nuestra tierra. La pera, primero; después el tomate y ahora la uva.

Se levanta cada mañana a eso de las siete. Estos días se hospeda en Rincón de Olivedo, donde la cuadrilla tiene una casa para todos ellos. Ahora es su hogar. Para las ocho tienen que estar en el campo y antes hay que preparar el almuerzo y la comida que se comerán sentados en la furgoneta. Ibu se monta en el vehículo con sus compañeros. Estos días casi pasan más horas allí que en su casa. No se olvida de su MP3. Es su fiel compañero en las largas jornadas de vendimia.

Ha empezado a calentar el sol cuando Ibu lleva ya horas cortando uva. No sabe que la herramienta que utiliza se llama corquete ni falta que le hace. Él solo está concentrado en las uvas y en la música. «Hace que el día se pase más rápido», asegura. Son ya las once y paran a almorzar. Mientras los demás devoran el bocadillo, Ibu sólo come un poco de uva y bebe Coca-Cola. «Prefiero no comer mucho ahora a mediodía y dejar el hambre para la hora de la comida», cuenta. Será a eso de las dos cuando paren una hora para comer. Hay que aprovechar el día al máximo. Cobran a siete euros la hora. Lo de ir a destajo hace años que se acabó. Sacarán unos 70 euros en la jornada. Terminan de trabajar a eso de las seis de la tarde. Los hombros y los riñones casi no pueden más. Hay que montarse de nuevo en la furgoneta y trasladarse hasta Rincón de Olivedo. Una buena ducha les espera. «Es el mejor momento del día», asegura Ibu. Después llega el momento de hablar con su familia por teléfono. «Mi familia está ahora en Lérida pero tengo primos todavía en Gambia», cuenta. Muchos de ellos están barajando la posibilidad de venir a Europa. El dinero que está ganando lo llevará después de la vendimia a casa. Aún queda pasar por Logroño y por Haro. Seguirán viviendo en Rincón de Olivedo estas próximas semanas.

Llega el momento de descansar. Salen un rato por el pueblo. Allí todos los conocen. Llevan años apareciendo en el momento de la vendimia. Juegan al fútbol o ven un rato la tele. Antes hay que ir a comprar para preparar los bocatas para el día siguiente. Después cenan y cada uno se retira a su habitación. Mañana volverá a ser un día agotador y hay que estar a pleno rendimiento.