La Rioja

Un helicóptero descarga agua durante el incendio registrado el pasado 22 de septiembre en una parcela en las proximidades de la cárcel logroñesa. :: miguel herreros
Un helicóptero descarga agua durante el incendio registrado el pasado 22 de septiembre en una parcela en las proximidades de la cárcel logroñesa. :: miguel herreros

Fuegos impunes

  • La Fiscalía de La Rioja archiva en torno al 80% de las investigaciones de incendios forestales intencionados, que suponen el 59% de todos los que se desatan en la región

La localización por parte del Seprona de entre dos y tres focos distantes entre sí y el hecho de que hubiera dos frentes de fuego diferenciados apuntaban a que el incendio pudo ser provocado, de ahí que, a los pocos días, Medio Natural remitió la investigación del siniestro de Ausejo a los juzgados. Encontrar al autor es otro cantar y, en ocasiones, aunque haya un sospechoso, si no es pillado 'in fraganti', es extremadamente complejo hallar pruebas que le incriminen.

Algo parecido ocurrió en plena celebración de sanmateos en Logroño. Durante tres días, 21, 22 y 23 se registraron tres incendios a la misma hora y prácticamente en el mismo sitio, entre la capital y Lardero. Mientras el fuego devastaba una parcela próxima al centro penitenciario, la Policía Local retenía e identificaba a un sospechoso que se encontraba en la zona. No había pruebas y le dejaron marchar.

La impunidad de quienes intencionadamente prenden fuego al monte es patente en los datos que maneja la Fiscalía. Según Luis María Fernández Gómez de Segura, fiscal especialista en Medio Ambiente en La Rioja, de los catorce o quince incendios que de media se investigan cada año en esta región, sólo en dos o tres hay un autor conocido y normalmente acaban con condena. El resto de casos, es decir, entre el 80 y el 85%, se archivan.

Desde la entrada en vigor de la reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, el pasado mes de diciembre, sólo se judicializan los asuntos en los que hay un sospechoso, por lo que aquellos que no tienen se sobreseen desde el principio y si no se localiza en los siguientes cinco años termina prescribiendo. «Si no se ha identificado a nadie desde el principio, es muy difícil que aparezcan pruebas que acrediten que alguien es el autor. Puede haber sospechas, pero no son suficientes para acusarle, ni mucho menos para imputarle», apunta Luis María Fernández. Muchas veces la única salida es pillarle 'in fraganti', bien prendiendo el fuego o en sus estados iniciales. Básicamente sólo entonces puede ser condenado a entre uno y cinco años de prisión y multa de doce a dieciocho meses. Las penas se agravan de diez a veinte años de cárcel si, además, conllevan peligro para la vida o para la integridad física de las personas.

Ezcaray es un ejemplo de la impunidad en la que se mueven algunos pirómanos. En el 2009, la sierra de la Demanda sufrió uno de los episodios más graves de esta región, cuatro incendios arrasaron en menos de tres meses 250 hectáreas de monte. Las investigaciones terminaron en vía muerta y nunca se localizó al autor.

Un ejemplo de lo contrario ocurrió en un paraje de Mansilla de la Sierra. Un ganadero se sentó en el banquillo en la Audiencia Provincial de La Rioja acusado de quemar el monte para proteger sus ovejas del lobo. Finalmente, el jurado popular le declaró no culpable.

En la actualidad la justicia riojana investiga, entre otros, el incendio que el pasado año arrasó 223 hectáreas en Cervera del Río Alhama, la mayor superficie devastada en un sólo siniestro, al menos, en la última década. De hecho, el fuego acabó en un día con el doble de hectáreas que en todo el 2014. La investigación concluyó que el fuego fue provocado por el mal funcionamiento de un cañón de gas para espantar pájaros y el Seprona detuvo a un hombre de 50 años que había instalado el mencionado cañón en su viña como presunto autor de un delito de incendio forestal por imprudencia grave. El caso está, a día de hoy, en fase de instrucción.

Claro que detrás de los incendios no siempre está la intencionalidad del hombre. Según los datos facilitados por la Consejería de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente, de los casi 990 incendios declarados en La Rioja desde el 2005 hasta finales del año pasado, 587 fueron intencionados, es decir, el 59%, 286 se debieron a negligencias y causas accidentales (28%), en 74 el origen fue desconocido (7,5%), 32 fueron obra de un rayo (3,2%) y en 10 (1%) el fuego, que parecía extinguido, se reprodujo.

Afortunadamente, en La Rioja, apunta el fiscal especialista en Medio Ambiente, la superficie quemada es muy pequeña comparada con otras comunidades. En concreto, en los últimos once años han ardido 1.581,6 hectáreas, lo que equivale a unos 800 campos de fútbol. El año más aciago fue el 2009 cuando 339,7 hectáreas acabaron siendo pasto de las llamas, buena parte de ellos en el entorno de Ezcaray, en plena sierra de la Demanda.

Esta región no ha sufrido grandes incendios, como el desatado recientemente en Navarra, «pero el día que ocurra puede ser grave», asegura Fernández. En cualquier caso, entiende que influyen muchas circunstancias como el cuidado de los montes y también el uso que se haga de ellos porque, «aunque, por un lado, es un foco de peligro, por otro, si el monte está sin explotar está descuidado».

A veces, en el origen de un incendio entra en juego la mala fortuna. Hace unos meses, por ejemplo, un camión de una empresa maderera ardió y como consecuencia de ello también lo hizo parte del bosque. En otra ocasión, un coche que participaba en un rally se salió de la calzada, cayó por el terraplén, se incendió y prendió parte del monte. Ambos casos son, formalmente, un incendio forestal, pero en ninguno de ellos hay intencionalidad, ni siquiera imprudencia. «Se trata de un accidente sin más», matiza el fiscal. Entonces, si existe responsabilidad civil se dirime en la vía administrativa y se salda con una sanción de la que se hará cargo el conductor, el seguro, o incluso, en el segundo de los supuestos, la organizadora del rally.

Antes de que el incendio llegue a los juzgados, son los agentes del Seprona los que se encargan de la investigación de todos y cada uno de estos episodios y los que determinan si han sido provocados, intencionados, imprudentes o consecuencia de causas naturales como, por ejemplo, un rayo.

Detrás de los intencionados, según explica Joaquín Becerril, teniente jefe de la sección del Seprona en La Rioja, es habitual que estén personas que «quieren hacer un desbroce porque les interesa o que quieren desinfectar una plantación para que no accedan animales o incluso por ganar terreno». También se dan las disputas entre cazadores y agricultores y con el fin de que los primeros no entren en el terreno de los segundos se quema la vegetación, porque «si no hay vegetación a lo mejor esos animales se van a otros sitios», explica.

La primera labor de los agentes del Seprona es determinar el foco o focos de inicio del incendio ya que, precisamente, si hay varios es un indicio de que el fuego ha sido provocado. El siguiente paso es ver la dirección del fuego, hacia dónde ha avanzado e incluso examinar las zonas protegidas, aquellas situadas en la cara oculta de las llamas.

Cuando se descubre el origen, explica Becerril, se recogen vestigios, como la colilla de un cigarrillo o un puñado de tierra con restos de combustible, que pueden llevar directamente hasta el autor. En estos casos también cobra especial importancia la declaración de los testigos que han podido ver a alguien merodeando por la zona. «Si no hay testigos a veces es muy complicado; la colaboración ciudadana en estos casos es fundamental, porque ahí donde alguien inicia el fuego hay alguien que le puede ver», relata.

Sea como fuere, asegura que la mayoría de los incendios forestales -considerados como tal aquellos que superan la hectárea de superficie- se resuelven y en muchos de ellos interviene la imprudencia, como las prácticas agrícolas inadecuadas, entre las que se incluyen la quema incontrolada de residuos agrícolas.

En general, «se puede decir que La Rioja es una región afortunada, primero por la poca incidencia de los incendios y luego porque, para el tamaño que tiene, hay mucha riqueza forestal y cinegética», apunta.

En cuanto a las zonas 'calientes', considera que esta puede ser la Red natura 2000, que incluye la sierra de la Demanda, Cebollera, Cameros e incluso los Sotos de Alfaro, porque, a la postre, son áreas protegidas.

Este pasado agosto, Galicia ardía por los cuatro costados. No fue la única comunidad pasto del fuego. Ese mismo mes, las llamas prácticamente borraban del mapa el 7% de La Palma. En ambos casos, detrás de los incendios estuvo la mano del hombre y varios de los autores de los numerosos focos que se desataron en tierras gallegas acabaron en presencia del juez, lo mismo que el joven alemán que terminó en prisión imputado por el incendio de la isla canaria.

Aunque afortunadamente no ha sido con tanta virulencia ni siquiera con tanta intensidad, La Rioja también ha sufrido este verano uno de los episodios más graves de los últimos años. En plena canícula el fuego se propagó por una ladera de pino carrasco en el término municipal de Ausejo, en el lado oeste de la carretera que une El Villar de Arnedo con Lodosa. Las llamas arrasaron unas cuarenta hectáreas.