La Rioja

Ezcaray exporta mantas al mundo

Los hermanos Adolfo y Juan Luis Valgañón, este último director de la empresa, en uno de los departamentos de la misma. :: albo
Los hermanos Adolfo y Juan Luis Valgañón, este último director de la empresa, en uno de los departamentos de la misma. :: albo
  • La empresa 'Hijos de Cecilio Valgañón' combatió la crisis cruzando fronteras: hoy vende a 25 países

Cosas de la vida, la empresa 'Mantas Ezcaray. Hijos de Cecilio Valgañón' despegó con la crisis económica. Pudo haber sido al revés, porque los clientes nacionales disminuían de forma preocupante. Lo suyo es artesanía pura, única, de excelente calidad... pero, lógicamente, también más cara. Los clientes decían que no daban salida a sus productos y los encargos decrecían por días. Fue una etapa sumamente complicada.

«Entendimos que si queríamos seguir teníamos que salir y potenciar nuestra marca», explica Juan Luis Valgañón. La apuesta del extranjero era complicada, pero había que intentar hacer bueno aquello de 'a grandes males, grandes remedios'.

Fue entonces cuando se dio el cambio y pasó, de ser la compañía textil Hijos de Cecilio Valgañón, a 'Mantas Ezcaray'. Un nombre conciso y que sonaba bien, pero que obligó a renovarlo todo: bolsas, embalaje... La firma creó un departamento de exportaciones y, de alguna manera, comenzó de nuevo; de cero, aunque con una larga historia detrás que lo es de supervivencia y de adaptación, como cuando en 1930 Cecilio Valgañón transformó la producción de paños en sus telares manuales por la fabricación de pañuelos, bufandas, echarpes y mantas; o como cuando en 1950 introdujeron el mohair, que es hoy el buque insignia de una empresa que recoge en solitario una tradición textil que en Ezcaray hunde sus raíces en el siglo XV y que, en España, le ha dejado sola en la fabricación de mantas de Cashmere, Alpaca, lana o del propio Mohair.

«Salir fuera no fue nada fácil», recuerda Valgañón. No les conocía nadie. Participar en la feria de París, principal escaparate mundial, les costó tres años, hasta que unos amigos les hicieron un hueco en su propio expositor y empezaron a darse a conocer. Hoy, venden sus productos en 25 países: desde Austria a Dubai, China, Japón, Estados Unidos, América del Sur, Marruecos...

Esta salida al exterior supone hoy el 50%, aproximadamente, de una facturación anual que ronda los tres millones de euros. La otra mitad se reparte en el mercado nacional, del que el mayor porcentaje se lo llevan las grandes firmas asentadas en España, que exportan sus propios productos, pero sin su marca.

Esta transformación en la empresa resultó exitosa a base de mucho tesón, trabajo e incluso riesgo, con inversiones en un momento en el que, al contrario, todo el mundo reducía gastos. La firma, incluso, ha aumentado su plantilla de personal, que cuenta en la actualidad con 40 empleados.

Lo que no ha cambiado es su seña de identidad, que es la unicidad de unas calidades que se obtienen gracias a un calculado equilibrio, de tradición y modernidad, en todo el proceso de fabricación. A ello hay que sumar una absoluta capacidad de cambio y recomposición para adaptarse a un mercado cada vez más exigente, y una oferta que se ha diversificado hasta abarcar, también, fulares, bufandas, escoceses y otros productos. Entre sus reconocimientos cuentan con el de 'Pyme Innovadora', concedido por el Ministerio de Economía y Competitividad.

Entrar a la empresa es como dar un salto atrás en el tiempo. La mecanización es solo una pequeña parte de un proceso que continúa siendo eminentemente manual, imbuído de paciencia y minuciosidad. Juan Luis muestra con orgullo el libro 'Artesanos. El buen hacer español', de Txema Ybarra y Pablo Zamora, una suerte de 'biblia' sobre algunos de los mejores artesanos del país. Y en la selección están ellos...