La Rioja

Sergio Barciela, ayer en Salvatorianos. :: Miguel Herreros
Sergio Barciela, ayer en Salvatorianos. :: Miguel Herreros

«Empresarios y municipios deben dar un alojamiento digno a los temporeros»

  • Caritas recuerda que no se puede culpar a las víctimas y alerta de que «la crisis ha precarizado aún más la situación laboral y humana de estas personas»

  • Sergio Barciela Migraciones de Cáritas

Representantes de 13 Cáritas Diocesanas se han reunido ayer y hoy en Logroño para articular una serie de propuestas frente a la infravivienda, los asentamientos y la explotación laboral de los temporeros agrícolas para buscar una postura común en todo el territorio nacional a un problema del que Sergio Barciela, miembro del equipo de Migraciones de la entidad, alerta de que las administraciones carecen de datos de su envergadura real.

- ¿Hay solución para un problema que arrastra a miles de personas en el país y que, en el caso de La Rioja, debido a las precontrataciones y a la extensión de la vendimia mecanizada llegan con pocas oportunidades de encontrar trabajo?

- Hay una complejidad de la situación en este momento y en este contexto económico, porque con la crisis se ha precarizado todavía más la situación laboral y humana de estas personas. Hablamos de más de 38 asentamientos en todo el territorio nacional, con más de 8.000 personas viviendo bajo plásticos, ocupando naves industriales o en viviendas sin agua y electricidad. Además, estamos evidenciando una realidad de explotación cada vez más grave por la intermediación de personas que actúan entre el empresario y el trabajador y que se quedan con hasta el 50% del salario y que, en algunos casos, retienen incluso la documentación personal del empleado o utilizan la violencia. La realidad es que estas personas que se desplazan durante las campañas sí que terminan trabajando por ejemplo los sábados, domingos, días lluviosos...

- ¿Es el aspecto más preocupante o hay más?

- Los dos más relevantes en este momento son el tema de la vivienda y el de la explotación laboral, aunque también hay asuntos muy graves de salud, de menores sin escolarizar, de explotación sexual de mujeres por parte de las mafias... El problema es la invisibilidad de esta realidad porque es muy difícil de detectar, tal vez no tanto en La Rioja, donde las fincas agrícolas son abiertas, pero sí en zonas de Almería o Huelva donde son cerradas y hay invernaderos.

- En la atención humana es evidente que no se está haciendo lo suficiente para evitar lo que se ve cada día y cada noche en las calles, con seres humanos durmiendo en pasajes, cajeros, bancos...

- Ahí es clave que la ciudadanía exija a los responsables políticos una respuesta. En el caso de La Rioja, por ejemplo, el convenio agrícola no recoge de forma explícita que el empresario deba brindar un alojamiento a los temporeros contratados y entonces son las autoridades municipales las que tienen que dar una respuesta a este problema.

- Entiendo que ve lógico el malestar de vecinos y comerciantes de las zonas afectadas, ¿no?

- Claro, lo que ocurre es que al final hacemos pagar a los justos y culpamos de la situación a las víctimas. La responsabilidad de que estas personas duerman en la calle no está en ellas, sino en los empresarios que no ofrecen el alojamiento adecuado y en los ayuntamientos que no dan una respuesta coherente y justificada. Este no es un problema de emergencia porque todos los años ocurre lo mismo, con lo que hay que dar una respuesta acorde con esta realidad.

- A juicio de Cáritas, ¿qué falta por hacer? ¿Hay una gran asignatura pendiente o son todavía demasiadas las materias?

- Yo diría que son varias. Desde Cáritas lo primero que demandamos es que debería haber una mayor observación de esta problemática porque las administraciones públicas adolecen de datos suficientes e ignoran cuál es la envergadura del problema, de cuántas personas estamos hablando y en qué situaciones se encuentran. En segundo lugar, hay que actuar contra las situaciones de explotación laboral y de infravivienda que son denigrantes; y, además, la ciudadanía debe abrir los ojos ante unas prácticas y una realidad que ocurren en su pueblo o ciudad y que están detrás de lo que come todos los días.