La Rioja

«Le dijimos que su pareja había muerto y preguntó por el perro y por el gato»

  • «Nos dijo 'Era su vida o la mía' y ya no quiso declarar más si no era delante de su abogado», reveló el instructor del atestado policial

La investigación policial no obvió otras líneas de trabajo, pero se volcaron todos los esfuerzos en la que enfocaba a la pareja sentimental del asesinado, la más contundente desde el primer momento, básicamente por dos motivos: primero, porque los agentes del Cuerpo Nacional de Policía se dieron cuenta de que Francisco Javier Carabias Fernández les mintió sobre su ubicación cuando le comunicaron la aparición del cadáver de su pareja; y segundo, porque en las conversaciones que mantuvo con amigos y familiares de la víctima introdujo detalles que la policía no le había trasladado e incurrió en contradicciones. Así, cuando Francisco Javier Carabias regresó a Logroño para declarar en la comisaría, acabó reconociendo de manera indirecta su responsabilidad: «Nos dijo 'Era su vida o la mía' y no quiso declarar más sin la presencia de su abogado», explicó el inspector jefe del grupo de la Udev que instruyó el atestado.

El responsable de la unidad de delincuencia especializada y violenta de la Policía Nacional explicó que tras ser alertados de la aparición del cadáver, se trasladaron hasta el lugar de los hechos «al constatarse la participación de otra persona» en la muerte. «La víctima estaba tumbada en una habitación, cerca de la ventana, con una puñalada en el pecho», relató el inspector de la Udev antes de recalcar que «lo primero que llamó la atención fue la ausencia de la pareja». Así, tras localizarle, le comunicaron el fallecimiento «y las incongruencias que cometió nos llevaron a la conclusión de que él había sido el causante de la muerte», declaró.

«Era evidente que la fecha en que hallamos el cadáver no fue la de la muerte y también llamaba la atención que nadie hubiera alertado de su desaparición. Cuando le comunicamos el fallecimiento nos dijo que estaba en Bracamonte, en Salamanca, cuando su teléfono móvil le situaba en León. También nos chocó que nos preguntara que qué tal estaban el perro y el gato y que en las llamadas siguientes a unos les dijera que se había suicidado, que se había tirado por la ventana, que tenía una puñalada en el estómago... Además aportó datos que nosotros no le habíamos trasladado». «No había señales de lucha y cuando vino a Logroño a declarar habló de una discusión, de un cuchillo y dijo que se tuvo que ir porque era su vida o la de la víctima. Ya no quiso declarar más si no era ante su abogado», completó el agente.