La Rioja

Por qué (casi) nadie tiene un 'smartwatch'

Tim Cook, consejero delegado de Apple, presenta el Apple Watch el 9 de septiembre de 2015, en California. ::
Tim Cook, consejero delegado de Apple, presenta el Apple Watch el 9 de septiembre de 2015, en California. :: / EFE
  • La penúltima revolución tecnológica pincha por ahora: sólo el 3,2% de los consumidores tiene uno

La culpa fue del iPhone. Y del iPad. Desde que en el 2007 Steve Jobs presentó su teléfono inteligente y de golpe le dio la vuelta al mercado de la tecnología , el mundo anda esperando la próxima revolución que haga lo mismo. Ocurrió de nuevo (algo menos) con el iPad en el 2010, y desde entonces, nada. No ha vuelto a pasar.

La propia Apple fracasó a nivel global con sus iGlass, las carísimas gafas conectadas que básicamente nadie compró. Y es que las revoluciones son lo que son: llegan pocas veces, y son muy difíciles de planear, y de repetir.

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Ocurre sin embargo que el mercado parece estar hambriento de esas emociones fuertes, así que cada producto innovador (sobre todo si tiene una manzana mordida en la parte de atrás) es saludado como el próximo «rompe-tendencias».

Sea o no sea novedad. Cuando en 2015 la marca anunció el lanzamiento del Apple Watch no era ni mucho menos el primer «reloj inteligente» (smartwatch) en el mercado. Pero como siempre el inigualable marketing de la marca -ayudado gratuitamente por sus millones de fans en el mundo entero- convirtió el lanzamiento en el empujón definitivo para estos productos.

O eso se esperaba. El reloj inteligente es, en realidad, un paso lógico. Todo el mundo tiene un teléfono inteligente, así que trasladar algunas de sus funcionalidades a la muñeca para convertirlas en más accesibles parecía un camino destinado al éxito. Parecía.

Porque a la hora de la verdad, la sensación es que el empujón se ha quedado en empujoncito. Y las cifras vienen a decir lo mismo. Lo último ha sido un estudio de Kantar, una de las consultoras de consumo internacional más importantes. En el informe, Kantar se ha centrado en el mercado de los 'wearables', es decir, los productos de alta tecnología que se «visten». Un mercado que ahora mismo se reduce prácticamente a lo que se viste en la muñeca: relojes inteligentes y cosas que lo parecen.

Pues bien, la penetración de esos 'wearables' es estimable: el 8,2% en Europa. Pero de ellos, una amplia mayoría no son relojes inteligentes, sino pulseras más básicas de uso sobre todo deportivo. La penetración de los 'smartwatch' se queda en el 3,2%. De esos, por cierto, un tercio son Apple.

La pregunta es, por tanto, por qué un aparato con tanto a su favor no está despegando como se esperaba. Kantar tiene sus propias respuestas: básicamente la mayoría de los consumidores aún sigue considerando que los relojes inteligentes son «un apéndice caro y más bien inútil del teléfono». Algunas novedades que Apple anuncia para la segunda edición de su Watch podrían mejorar eso: específicamente la bajada de precio (en el entorno de los 270 dólares, cifra que suele trasladarse tal cual a euros cuando llega a nuestro país) y la llegada de funcionalidades como el GPS y una carcasa a prueba de agua.

Hay otro factor. El mercado parece ahora mismo dividido en dos tendencias. Por un lado, los relojes inteligentes que parecen una versión reducida de un teléfono pegado a la muñeca. Y por otro, los aparatos más parecidos a relojes de toda la vida. Y es que, una vez superado el 'efecto novedad', el consumidor parece estar más atento a la estética de lo que lo está a la hora de comprar su móvil. Cosa lógica, en un aparato siempre a la vista, pegadito al brazo. Así, fabricantes como Samsung y Asus han lanzado unos últimos modelos con una apariencia externa más de «reloj de toda la vida».

El mercado es, por ahora, pequeño. Aunque quizá el problema sean las expectativas: hace diez años, un producto relativamente nuevo con esa capacidad de penetración no nos hubiera parecido mal. Pero llegó el iPhone, y todo cambió. Ahora es revolución o fracaso. Y por ahora el smartwatch no es una revolución. De la reacción de los consumidores a las últimas novedades dependerá si es (o no) un fracaso.