La Rioja

De la camilla a la odisea

El riojano Fernando Domínguez y su pareja, Veronika, en el paso de Taglangla del Himalaya. :: efe
El riojano Fernando Domínguez y su pareja, Veronika, en el paso de Taglangla del Himalaya. :: efe
  • Fernando Domínguez Dos años de vuelta al mundo en bicicleta

Hace diez años la vida le cambió por completo. Fernando Domínguez, un riojano que reside en Basauri (Vizcaya), se fracturó la séptima vértebra cervical en cuatro trozos cuando el cuadro de su bicicleta se rompió al bajar la rampa de su garaje. Al accidente le siguieron semanas de rehabilitación, prótesis, muletas...

Cinco meses después, el riojano ya caminaba sin muletas, pero su lesión medular afectó a sus extremidades de forma permanente y el Instituto Nacional de Salud le incapacitó. Sin embargo, Domínguez no tiró la toalla: decidió dar un cambio en las prioridades de su vida para «aprovechar el resto del tiempo, hacer las cosas que me gustan y estar con gente que merece la pena».

Entre esas personas empezó a figurar Veronika, su actual pareja, a la que visitó cada vez durante temporadas más largas en su país de origen, Lituania, donde la gente no le conocía y nadie le paraba por la calle para ofrecerle un «lo siento», hasta que la relación se hizo más seria.

Y entonces fue cuando se plantearon la gran aventura: recorrer el mundo en bicicleta. El viaje comenzó hace dos años en Basauri y continúa tras haber recorrido 23.000 kilómetros hasta Phnom Penh, en Camboya. Francia, Europa del Este, Turquía, Omán, Nepal, Malasia... son solo algunos de los países por los que han pedaleado a lo largo de este tiempo. Todo un mérito para ambos, ya que Veronika no sabía montar en bicicleta antes de plantearse esta odisea.

La pareja comenzó el viaje sin detenerse mucho tiempo en los sitios por los que pasaban, pero a partir de Turquía, cambió de dinámica. «Ha variado la cantidad de días que andamos a la semana, empezamos a relajarnos más, a ir más despacio, a vivir más», dice Veronika.

Entre sus países favoritos se encuentran Omán e Irán, donde los viajeros fueron invitados a dormir un montón de veces dentro de las mezquitas y de las casas de los iraníes. «Se habla mucho del tema de los musulmanes, que son más radicales, yo no me meto con los temas del Gobierno, yo hablo de la gente de la calle», indica Domínguez.

En Phnom Penh, la pareja ha aparcado las bicicletas y ha cambiado las acampadas por una vida más urbana para descansar y que Fernando recupere musculatura para el viaje. En invierno rodarán hacia Mongolia, donde las temperaturas bajan hasta los 45 grados bajo cero, y continuarán por Asia y América. Después el plan es regresar a casa para «volver a irnos; no sé a dónde, no sé cómo, pero seguiremos».