La Rioja

Para qué sirve el Parlamento

  • «Cuando un gobierno dura mucho tiempo se descompone poco a poco y sin notarlo»

Barón de Montesquieu

El Parlamento de La Rioja insta al Gobierno de La Rioja a la puesta en funcionamiento del registro centralizado de convenios de la Comunidad Autónoma de La Rioja. Además, el Parlamento de La Rioja insta al Gobierno de La Rioja a promover iniciativas culturales relacionadas con el sector publicitario creativo de la Comunidad Autónoma de La Rioja. Por otro lado, el Parlamento de La Rioja insta al Gobierno de La Rioja a hacer un estudio acerca del estado del Humilladero de Calahorra. Asimismo, el Parlamento de La Rioja insta al Gobierno de La Rioja a realizar las acciones necesarias para ampliar las medidas del Plan de Garantía Juvenil hasta los 35 años (sic) para los jóvenes de nuestra comunidad. Y, en fin, el Parlamento de La Rioja insta al Gobierno de La Rioja a fijar la industrialización como objetivo prioritario de nuestra región, empleando para ello todos los recursos necesarios.

Y así hasta 72 propuestas aprobadas por unanimidad en el reciente Debate sobre el Estado de la Región. El párrafo anterior recoge algunas de ellas, que concitaron el consenso de todos los partidos. Según la secuencia propia del sentido común que debe regir los equilibrios entre poderes, en la Administración regional ya estarán calibrando cómo cumplir con los mandatos emanados de la Cámara autonómica. Pero en realidad ocurre como suele con tantas disposiciones alumbradas por el Legislativo: que viva Cartagena. Lo cual conspira contra la capacidad de los trabajos parlamentarios para mejorar la vida de los riojanos y atenta contra la lógica interna del Parlamento: invita a la melancolía pensar que una vez aprobadas estas propuestas, les aguarda un irrelevante espacio en el limbo de la política.

¿Para qué sirve por lo tanto el Parlamento? O al menos de qué les sirve a sus miembros discutir, levantar la mano, aprobar esto y lo otro. Porque si alguna de esas medidas acordadas lleva implícita, como suele ser habitual, una asignación de gasto para cumplir lo prometido, el Ejecutivo se podrá escudar en cualquier ardid bien argumentado para seguir mirando para otro lado. «Cuando las propuestas aprobadas son demasiado etéreas, carecen de efectos jurídicos vinculantes», admite Ana Lourdes González, presidenta de la Cámara.

Así que para qué sirve entonces el Parlamento. González da por seguro que «desde el Gobierno se hará todo lo que esté en su mano para atender nuestras propuestas». Y también entre el equipo de José Ignacio Ceniceros se recuerda que el mandato presidencial es concluyente: las propuestas de la Cámara nacen para ser cumplidas. Cosa distinta será el impacto que su cumplimiento genere en la sociedad riojana. «Nosotros nos sentimos concernidos por lo que apruebe el Parlamento, porque además atender las resoluciones es un mandato directo del presidente», explica un consejero, quien no obstante añade: «También hay que tener en cuenta que nuestra capacidad de acción está limitada». Entre el Ejecutivo, según las fuentes consultadas, prevalece la idea de que o bien las resoluciones parlamentarias son tan abstractas que no comprometen a nada, o son tan detalladas que invaden la autonomía gubernamental y tampoco resulta sencillo aplicarlas sin entrar en contradicción con sus prioridades. «Lo que no podemos es incumplir la ley», añaden las mismas fuentes.

Así ocurre por ejemplo con el mandato más trascendente surgido del reciente debate: la suspensión de la LOMCE. Y así puede suceder con otras medidas cuya aplicación votaron en masa los grupos parlamentarios, condenadas a morir antes de haber nacido. Una propuesta para prevenir el acoso escolar presentada por Ciudadanos, un plan de ayudas para el autoempleo que beneficie a los jóvenes emigrados como preconiza el PP, la mejora de la atención primaria en salud según reclama Podemos o, como demanda el PSOE, mayores garantías en los listados de cada oferta de empleo... Así, hasta 256 ideas que el Gobierno puede cumplir simplemente asegurando que ha tomado las medidas necesarias, activado a los servicios administrativos pertinentes o poniendo en marcha el pasatiempo favorito de la nueva política: una mesa para el diálogo. Con sus flamantes sillas.

Así que mientras los administrados siguen a la espera de que arranque la producción legislativa del Parlamento, habrá que concluir que el principal servicio que cumple ahora mismo la Cámara pasa por demostrar que la convivencia entre distintas familias políticas de La Rioja no tiene que desembocar necesariamente en el cainismo tan común en el pasado. Y que tal vez sea preciso seguir el consejo que lanza la presidenta del Parlamento: «Los grupos deberían centrarse en aprobar aquello que sí se puede hacer». De modo que, atendiendo semejante sugerencia, no sólo se acabaría con el enfrentamiento constante que tanto divide a la sociedad riojana, sino que tendría respuesta la pregunta que titula estas líneas: para qué sirve el Parlamento.