La Rioja

La abuela cumple su sueño

Pruden Garnica, en el globo mientras sobrevolaba la comarca jarrera.
Pruden Garnica, en el globo mientras sobrevolaba la comarca jarrera. / L.R.
  • Prudencia Garnica sobrevoló Haro y sus alrededores en globo a sus 91 años gracias a un regalo de su familia

Cuarenta y un años dedicados a la docencia, ocho hijos y noventa y una primaveras dan para que Prudencia Garnica 'Pruden' acumule infinidad de experiencias. Añoraba una y así se lo hizo saber a los suyos antes de alcanzar los 90: contemplar La Rioja desde las alturas.

Dicho y hecho. En la fiesta por su nonagésimo cumpleaños, esta alegre abuela de Logroño recibió multitud de sorpresas de parte de su familia, entre ellas una postal gigante con la más especial: un viaje en globo por Haro y sus alrededores para que hiciera realidad su sueño.

Éste tardó en materializarse, ya que reiteradas inclemencias meteorológicas obligaron a posponer el trayecto hasta en tres ocasiones. A la cuarta, el pasado 4 de septiembre, fue la vencida. Para entonces Pruden ya había soplado hacía meses las 91 velas, pero mantenía la misma ilusión.

La compartió con cuatro de sus ocho hijos, con seis nietos, cuatro amigos y un par de pasajeros más. También con la foto de su marido, Jesús, que falleció hace once años. «A ver si tu padre va a querer volar y por eso hemos tenido que retrasar tantas veces el viaje», recuerda Iranzu López de Dicastillo que le decía su madre antes de surcar el cielo.

Así que se lo llevó a la excursión porque quería compartir con él esta vivencia y porque, como la propia Pruden reconoce, «siempre fuimos una pareja maja».

A esta aventurera, el recorrido en globo le fascinó. «Todo me pareció muy bonito, incluso hasta ver cómo lo inflan», evoca. Y es que le encantó «la unión tan grande» que se gestó entre los organizadores y los viajeros que, como voluntarios, ayudaron a preparar la cesta. También la forma en que la cuidaron. «Me preocupaba cómo subirme a la 'canastilla', pero me encontré con un montón de 'ángeles de la guarda' en la familia y además los de la empresa me acercaron una escalera», señala. No le inquietó ir ganando altura. «No lo notas, ni que subes ni que te mueves», atestigua. Aunque un lento desfilar de viñas le indicaba que sí que estaba volando. No obstante, sobre todo le gustó «ver el amanecer con ese color tan rojo».

El regalo de cumpleaños le pareció inolvidable y porque haya muchos más brindaron a mitad de recorrido con champán y pastas. Al llegar a tierra, aún se fueron a comer.

Recientemente esta abuela viajera ha confesado a los suyos que «ahora lo que me falta es montarme en ala delta», dice entre risas. Y por si alguien necesita que justifique su nuevo anhelo aclara que «siempre he sido muy decidida».