La Rioja

Liarse con la bicicleta

David Fontecha posa con su bici en el césped del Salto del Caballo. ::
David Fontecha posa con su bici en el césped del Salto del Caballo. :: / S.M.L.

Salí de casa en bici para ir hasta Soria. Y una vez allí decidí seguir un poco más». David Fontecha ya ha dejado atrás Toledo y ni él mismo sabe dónde acabará su viaje.

- Sois de Logroño, ¿verdad?

- Sí, claro.

Así comienzan las buenas conversaciones. «¿Sabéis ir al Enebro? Me han dicho que ponen muy buenas tapas». En chan-clas, pantaloneta, camiseta y una cartera. Poco más. Ni móvil en ese momento. Por eso anda un poco perdido. «Es que voy con lo justo». Pregunta y se responde casi al mismo tiempo Nacho Fontecha. Quiere ir al Enebro, un garito de Toledo en el que por lo visto se cena muy bien. Es sábado por la noche, hace mucho calor y Nacho parece un poco congestionado y también hambriento. «Vengo desde Logroño». El asunto radical que lo convierte en reportaje es que este riojano ha llegado hasta Toledo en bici. «Sé que jugamos contra el Toledo así que iré a hacerme una foto en el Salto del Caballo para conocer un campo que nos trae muy buenos recuerdos a todos», explicaba. Al partido de la UD Logroñés no acudió porque «es un poco tarde y debo seguir con mi ruta. Os escucharé por la radio», prometía. En Ocaña se detuvo un par de noches: «Es que estaban en fiestas».

Nacho Fontecha hará solo una noche en Toledo. Su idea parece ser la de llegar a Córdoba y luego regresar. No sabe muy bien cómo. Aunque no le irá mal. Como hasta ahora. Su viaje surge desde la improvisación de quien adora dar pedales, y en solitario hasta parece más agradable. Para no llevar prisas ni retrasos. Rodar a ritmo, al suyo, cómodo, reflexionando sobre la vida o no. Porque cada uno piensa lo que le da la gana mientras rueda sobre el asfalto. «No sé muy bien por qué estoy aquí, la verdad. Salí el fin de semana pasado de casa para ir en bici hasta Soria y me dije: 'Si ya he llegado hasta aquí, por qué no voy a seguir bajando'. Y aquí estoy». Y bajando, bajando, una semana después, Nacho Fontecha se encuentra en Toledo tratando de buscar el Enebro y reconociendo a paisanos con los que compartir una pequeña conversación que le permita convencerse de que su viaje tiene cierta lógica. Lo cuenta, lo explica y la tiene. Recibe preguntas que le alientan a seguir.

Aunque no parece existir una determinación clara. No es por un motivo solidario, ni tan siquiera por una razón más elevada como una posible promesa a un ser superior. No surge de una apuesta, ni tampoco de una visita a algún familiar. Nada. «Sencillamente salí de casa, llegué a Soria y vi que podía seguir dando pedales», se justificaba. Ligero de equipaje pues no tenía previsto tanto kilómetro, este riojano se sacude los pensamientos sobre la bici sin darse más importancia que el hecho mismo de convencerse de que lo puede hacer.

Sabemos que de Toledo salió pronto el domingo por la mañana, y que recorrió con éxito el Parque de Cabañeros. Su viaje sigue, aunque no sabemos cómo volverá: en bici, en tren. Pero lo hará satisfecho consigo mismo; y por cierto sin haber conocido el Enebro de Toledo, un garito en el que se cena muy bien pero que estaba cerrado.