La Rioja

Tu cuenta corriente te costará

  • La banca europea empieza a cobrar por los depósitos a sus clientes; en España sólo a los grandes... por ahora

Logroño. Como diría el histórico Alfonso Guerra, a la banca no la va a conocer... ni la madre que la parió. A nadie se le oculta que la enorme efervescencia del crédito de los primeros años del siglo tuvo mucho que ver con el nacimiento de la burbuja y su posterior explosión. La implosión se llevó por delante una parte del sistema financiero en España y en Europa, y casi dos lustros más tarde aún las cosas están un tanto tambaleantes.

Y eso está cambiando algunas cosas que se daban por sentadas. Por ejemplo, lo que el ahorrador esperaba tradicionalmente de un banco es que le pague por tener su dinero en él y no en otro. No mucho, pero al menos algo: unos intereses mínimos, pero positivos.

Sin embargo, eso está a punto de cambiar. Las señales son indiscutibles: los bancos españoles ya cobran a sus clientes 'grandes' por sus depósitos. Así, entidades como el BBVA exigen intereses de hasta el 0,25% a sus depositarios más destacados, y la tendencia parece ser universal en España.

Por ahora...

Por ahora, la coyuntura no afecta a los pequeños ahorradores, aunque lo importante es el 'por ahora'. Porque en un escenario de tipos de interés negativos, con los bancos prestando a intereses cada vez más bajos y los márgenes de las entidades reduciéndose, la posibilidad ha dejado de ser una entelequia, por muy ajena que sea a la costumbre española.

Las alarmas se han encendido cuando grandes entidades a nivel europeo han abierto la veda del cobro general por los depósitos. Hasta ahora se conocían los casos de alguna cooperativa de crédito pequeña en Alemania, que ya había emprendido ese camino.

Pero a finales de agosto dos de las entidades más importantes de Europa tomaron la misma medida de forma simultánea: el Royal Bank of Scotland británico y el PostBank, una filial de Deutsche Bank.

Y los responsables financieros a nivel europeo ya hablan del tema sin tapujos. Así, hace diez días un responsable del Bundesbank afirmaba que «los servicios financieros no pueden ser gratuitos si los bancos ya no ganan un margen de intereses». En plata: si los bancos siguen reduciendo sus márgenes, el coste se repercutirá en los clientes. Más aún, habrá que decir.

Otros productos

Las asociaciones de consumidores ya han puesto el grito o en el cielo preventivamente. Así, Adicae advierte de que consideraría «un abuso» el cobro por depósitos, y se teme que con la medida las entidades acabarán dirigiendo a sus clientes a productos como fondos de inversión «que no son tan beneficiosos para el usuario como promocionan las entidades».

Los bancos han preferido hasta el momento aplicar subidas a las comisiones de todo tipo, entre ellas por extracción de efectivo de los cajeros a clientes de otras entidades: la llamada «guerra de los cajeros». Una batalla que, por cierto, ha provocado ya movimientos curiosos: ING, una entidad que opera sobre todo en cajeros ajenos, va a poner en marcha la posibilidad de que sus clientes saquen efectivo de gasolineras y supermercados. De nuevo, una opción ya presente en otros mercados, pero que en España no se había extendido hasta ahora.

FINANZAS... DE ANDAR POR CASA

El sainete es una pieza teatral de carácter jocoso y cómico que muestra una tesitura grotesca y ridícula con personajes populares. La situación, de no ser grave para España, nos daría para un buen sainete de los hermanos Álvarez Quintero o de Carlos Arniches.

Nos encontramos en España con un Parlamento que no le salen las cuentas, nos incriminan de ello y nos conminan a reconsiderar nuestro voto, una vez más. Esta situación inmoviliza económicamente nuestro país. Las pensiones, los sueldos de los funcionarios, las infraestructuras, los presupuestos de las autonomías... todo lo que depende de los presupuestos del Estado está bloqueado. Y la imagen de incertidumbre política no hace más que ahuyentar las inversiones tanto nacionales como extranjeras. Porque, como todos sabemos, el dinero es muy cauteloso. Y no me parece mal, ya que son los inversores quienes arriesgan su propio capital.

Como toda buena farsa, cuenta con dos personajes principales, Rajoy y Sánchez, y dos de enredo, Rivera e Iglesias. Todos apelan a la responsabilidad de Estado que hay que tener para sacar España adelante, pero ninguno, ante esta situación de bloqueo, deja el sillón y se va a casa. Rajoy alude que en las segundas elecciones ha sacado más votos que en las primeras. Siendo cierto, no sabemos si es así a pesar de él. Rajoy es el personaje principal vapuleado por todos, pero que siempre se sale con la suya aunque el barco se hunda. Yo realmente me creería que Rajoy tiene voluntad de sacrificio por España, y lo digo completamente en serio, si ante este bloqueo del PSOE hubiera hecho la siguiente propuesta: «Yo me voy, pero usted también señor Sánchez». Pero me temo que no sabe jugar al mus y por tanto no entiende de órdagos. Pedro Sánchez es el personaje del sainete que entra y sale en escena con un diálogo que no se corresponde con el momento del sainete y el público se ríe no por la gracia del personaje sino por el desconcierto que genera. Es míster NO. Ha sido capaz de decir que va a votar no a los presupuestos sin haber sido presentados. Es incapaz de negociar y pedir algo a cambio de su abstención. ¡Que pida algo imposible para que se lo nieguen y justifique su no! Pues ni por ésas. Tampoco sabe que abstenerse no es estar de acuerdo. Da igual, también le importa un bledo que el barco, o sea España, se hunda. Y lo último a lo que se ha referido es a hablar de las «fuerzas del cambio» (por inventar que no quede) que aglutinan cuarenta y seis siglas de partidos, partidillos y cuadrillas de amigos. En los personajes de enredo está el que quiere ayudar (Rivera), y trata de estar a bien con todos, pero al final sale apaleado. Y el otro (Iglesias), que su misión es que el enredo sea cada vez más grande y más grotesco.

Y yo me pregunto: ¿Por qué treinta y seis millones de españoles tenemos que volver a votar porque trescientos cincuenta diputados no sean capaces de ponerse de acuerdo? La solución está en modificar la Ley Electoral, pero comenzando con este artículo: «Si a los dos meses de las elecciones el Parlamento no tiene elegido un gobierno que dure como mínimo la mitad de la legislatura, todos los parlamentarios serán inhabilitados a perpetuidad para cargo público alguno por incompetencia manifiesta». Verían ustedes cómo se formaba gobierno. Ya veo a Pablo Iglesias, Tardá y Rufián votando al PP.

Sainete o vodevil, ni a Arniches se le hubiera pasado por la cabeza este final.