La Rioja

El cambio climático

Pleno del Parlamento durante la sesión del miércoles; diputados de PP y Podemos votando a favor de la misma propuesta. :: juan marín
Pleno del Parlamento durante la sesión del miércoles; diputados de PP y Podemos votando a favor de la misma propuesta. :: juan marín
  • «En Italia, en 30 años de dominación de los Borgia hubo guerras, sangre y muerte, pero surgieron Miguel Ángel, Leonardo y el Renacimiento. En Suiza hubo fraternidad y amor, 500 años de democracia y paz. ¿Y qué tenemos? El reloj de cuco»

Orson Welles

El miércoles no fue un buen día para el Gobierno de La Rioja. El Debate sobre el Estado de la Región, al primero al que acudía José Ignacio Ceniceros, apenas arrojó otro balance que sendas victorias para el PSOE. Dos triunfos tal vez de escaso recorrido, pero un botín apreciable para un partido que solía abandonar derrotado por la mayoría absoluta del PP cada una de estas citas cuando Pedro Sanz ejercía de jefe máximo. A primera hora, Concha Andreu desveló lo que luego tuvo que reconocer el propio presidente: que una empresa riojana huía a las vecinas tierras navarras, con una inversión superior a tres millones de euros que beneficiarán a las arcas forales. En la clausura de la sesión, nuevo castigo para el PP: el PSOE sumó al resto de la oposición a su iniciativa para que el Gobierno suspenda la aplicación de la Lomce.

Malos tiempos para el PP. Viendo el resultado del debate reciente, y de otras sesiones plenarias, se entiende mejor que Sanz declinara ponerse al frente de un Gobierno resignado a forjar alianzas cada mañana para llegar más o menos incólume a la hora de acostarse. Como el ciclista que se caerá si deja de dar pedales, en el Palacete reina una táctica monotemática: poner la otra mejilla. Incapaz de incorporar aliados fiables que resistan la tentación de convertirse en oposición una vez que firman el acuerdo de investidura o avalan el Presupuesto, el PP sufre para seguir el ritmo impuesto por sus adversarios, tampoco muy hábiles a la hora de capitalizar sus éxitos. Como las marcas nacionales de PSOE, Podemos y Ciudadanos han conocido días mejores, en La Rioja triunfa en realidad un invitado inesperado: el fantasma del desgobierno.

Ceniceros reclama a su favor alguna medalla que hasta sus más críticos le concederán sin gran discusión: el clima. El clima político no admite comparación con el heredado por el actual jefe del Ejecutivo, a lo que contribuye desde luego su propia personalidad carente de graves aristas y, sobre todo, la imperiosa necesidad de no pisar demasiados callos a sus rivales porque peligraría la mayoría parlamentaria. También la oposición ha mejorado sus modales, consecuencia directa de un mapa legislativo más fragmentado, que veta el juego sucio. Pero un año después de aquellas elecciones que consagraron el fin de los viejos tiempos, la oposición ya ha empezado a sugerir al Gobierno que con el talante no basta. Que sólo con el buen rollo no se mejora el futuro de los riojanos, no se fomenta el empleo ni se evita la fuga de empresas. El diálogo por el diálogo siembra de cortesía los debates políticos, pero no soluciona el feo aspecto de las infraestructuras, no garantiza que vuelva el talento emigrado y tampoco combate la despoblación rural.

Todos esos grandes problemas ya poblaban la agenda que Ceniceros se encontró cuando relevó a Sanz. Pocos presentan hoy un aspecto más saludable. Lleva razón el presidente cuando se felicita de ciertas conquistas sociales acometidas por su Gobierno, al que legitiman también unos cuantos datos macroeconómicos. Pero la auténtica sustancia de la acción gubernamental se ha mudado al Parlamento, donde se presencian espectáculos insólitos. El espectáculo del consenso. Porque ahora brota la unanimidad donde antes campaba el disenso. Un ejemplo: esta semana, el pleno aprobó con todas sus señorías alzando la mano al unísono nada menos que 72 resoluciones; algunas menores, pero otras de calado, como la propuesta del PSOE (¡¡¡apoyada por el PP!!!) para que el Gobierno repare en tres meses el limbo urbanístico que distingue a unos cuantos municipios riojanos. Compárase ese dato con el recogido en el último debate similar celebrado allá en el 2014: hubo 474 iniciativas registradas, de las que sólo 50 concitaron un apoyo unánime.

Y otra cifra sin parangón en el pasado reciente, porque además de esas resoluciones aprobadas por aclamación, en el Parlamento se obraron el miércoles prodigios parecidos: el PSOE avaló nada menos que 45 propuestas de su archienemigo PP, solo o en compañía de Ciudadanos y de Podemos, y el PP votó a la vez que socialistas y Podemos en cuatro proposiciones. Más datos para el asombro: Podemos llegó a aceptar dos iniciativas populares que ni siquiera habían convencido al PSOE. A cambio, el PP aceptó cuatro propuestas de Podemos. Que se vayan enterando por la Carrera de San Jerónimo...

Los negacionistas del cambio climático suelen ampararse en opiniones extravagantes, propias del cuñadismo que impera en la vida española. Se recordará que el inefable Mariano Rajoy llegó a emplear como voz autorizada un comentario casual de un primo suyo, catedrático de Física, con esta frase para la historia: «Si nadie garantiza ni qué tiempo hará mañana en Sevilla, cómo van a decir lo que va a pasar dentro de 300 años». Aplicada semejante teoría al ambiente político que se respira en La Rioja, deberá aceptarse que mientras siga Ceniceros al frente, así mañana como dentro de 300 años, el clima será el mismo: templado. Ni frío ni calor. En esta materia dispone de su propio servicio de Meteorología, atendido por sus socios de Ciudadanos. Y Diego Ubis ya avanzó en el Parlamento que el invierno se acerca. Y que le precederá el otoño, por supuesto, cuando haya que negociar el Presupuesto y el PP mute a naranja.... aunque nunca hasta el punto de poner en juego el trono de Ceniceros: Ciudadanos, abanderado del cambio climático en la política, también abomina de las temperaturas extremas. Lo confirma este vaticinio: «Esta vez al PP le costará más convencernos».

O sea, que ya están convencidos.