La Rioja

Salud impulsa una estrategia para prevenir conductas suicidas en adolescentes

Salud impulsa una estrategia para prevenir conductas suicidas en adolescentes
  • La Rioja se suma hoy al Día Mundial de prevención del suicidio recordando a las 32 personas que se quitaron la vida en el 2014, el doble que los muertos por accidentes de tráfico

Logroño. No hablar de ello no significa que no exista. La decisión de una persona de poner fin a su vida ha sido siempre silenciada por la sociedad y ha estigmatizado a familias ya de por sí destrozadas. Hoy, sin embargo, las autoridades reconocen que el suicidio se ha convertido en un problema de salud de primer orden en Europa. A nivel nacional se redactan programas de actuación, cuya estela se proyecta también en La Rioja. En nuestra comunidad se concreta en el III Plan de Salud Mental -en proyecto-, donde se articula una línea determinada para estas conductas y su prevención y, ahonda más al fijar su prioridad en los adolescentes (por ejemplo, ya se han fortalecido los recursos en la Unidad infantojuvenil del centro de salud Espartero).

De todo ello hablaron ayer el coordinador de Salud Mental de La Rioja, Miguel Ángel Ortega; la presidenta del Teléfono de la Esperanza de La Rioja, Magdalena Pérez; y el enfermero de Salud Mental Iván Santolalla en 'Espacios para la salud', que acogió la Casa de los Periodistas, con motivo del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que trata de sensibilizar hoy sobre esta enfermedad.

Porque si algo quedó ayer claro fue que se trata de una enfermedad -nadie quiere suicidarse, reflexionó el doctor Ortega-, cuya progresión va al alza en Europa y presenta unos preocupantes índices entre el colectivo de 15 a 25 años, donde, a nivel nacional, es la primera causa externa de muerte.

En La Rioja, el INE recoge 32 suicidios en el 2014 (seis más que un año antes), sobre todo de hombres (27) y concentrados de 40 a 49 años (9). Tomando el apartado del INE sobre 'causas externas de mortalidad', que suma 110 casos, resulta que el suicidio y las lesiones autoinfligidas ocupan el primer lugar de lista (32), el doble por ejemplo que en accidentes de tráfico (16) y parejo con las caídas accidentales (30).

Los números sólo ayudan a conocer una realidad que debe ser tratada, argumentaron ayer los expertos. Este conocimiento, por ejemplo, ha llevado a implantar un formulario específico, que ya está en marcha, para que los sanitarios detecten riesgos suicidas; o, también, a impulsar en breve una guía de ayuda (que incluirá también las familias víctimas).

Y es que familiares y amigos son los grandes 'olvidados' de este drama porque la sociedad ha decidido que sea un tema tabú, porque nadie está preparado para asumir esta pérdida, y porque hay una culpabilidad que el tiempo no tapa. Desde el Teléfono de la Esperanza, su presidenta, Magdalena Pérez, asegura que el proceso de duelo es muy complejo. «Históricamente se ha considerado un estigma, está el hecho de la culpa, la impotencia, la vergüenza de pensar que no he sabido parar o detectar esto. Un suicidio genera un destrozo muy importante en el sistema familiar y va a requerir mucho tiempo para tratar ese dolor. Las cosas ya no van a ser nunca iguales. Cuando se trata de un suicidio estamos ante un proceso muy largo y complejo; las cosas ya no van a ser como antes», afirma. «Y si hablamos de un hijo, el daño interno y la herida que queda es difícil de restaurar y supone mucho trabajo», añade.

Porque el suicida no puede tener en cuenta a su familia: «Ellos no son capaces de ver el dolor que infligen a la familia. Es uno de los factores que frena cuando se es consciente del daño que se va a dejar después. Pero cuando uno está en una situación crítica y no es capaz de hallar una salida, uno no puede salir de sí mismo, es difícil frenarse y pensar en otros».

La Rioja 'aportará hoy luz para la esperanza' (lema de este Día mundial para prevenir el suicidio) con la lectura de un manifiesto y el encendido de velas en memoria de quienes se han ido. Será a las 20 horas en Portales 48 (Centro Social Ibercaja).

Fuente: Instituto Nacional de Estadística