La Rioja

Cuando los prados son un secarral

El joven ganadero Jesús Gil alimentando su cabaña bovina en su explotación de Sorzano.
El joven ganadero Jesús Gil alimentando su cabaña bovina en su explotación de Sorzano. / Miguel Herreros
  • La falta de pastos debida a la sequía dispara los costes de producción de los ganaderos riojanos

Comenta Jesús Gil, un joven ganadero de bovino de Sorzano, que ya ni recuerda cuándo fue la última vez que llovió. «En agosto, desde luego, ni gota», afirma. Así que hace 20 días no tuvo más remedio que comenzar a echar paja y harina a las vacas «más débiles», las paridas y las novillas. «No hay pasto porque el sol se lo ha comido», señala.

La ausencia de precipitaciones en los últimos meses -ha sido después de este artículo, este martes, cuando ha llovido algo en La Rioja- ha convertido los prados riojanos, que en estas fechas deberían estar alimentando a las cabañas ganaderas de la región, en «secarrales». La situación de sequía se encuentra extendida por toda la región, incluso en zonas a priori más húmedas como en la sierra. «Tenemos un problema bastante gordo», admite Pilar Casal, ganadera de vacuno en Lumbreras.

La falta de hierba que nutra al ganado en extensivo conlleva que los profesionales del sector deban suplementar a los animales con forraje, pienso y otros complementos; lo que aumenta el coste en las explotaciones y lastra su rentabilidad.

«Lo estamos pasando mal», reconoce Rodrigo Fernández desde Santa Engracia del Jubera. Fernández, titular de un rebaño de ovino, define el momento como «crítico» después de un «invierno en que no nevó, una primavera escasa de agua y un verano con una sequía terrible». Hace quince días empezó a dar a sus ovejas paja y pienso para comer, porque con el pasto no les alcanza. En un año «normal» este suplemento alimenticio se lo hubiera comenzado a dispensar en noviembre. «Esto implica un mayor coste económico y más trabajo porque, de otra manera, sacas al ganado al campo y te olvidas; pero así tienes que ir a darles de comer en la granja», expone.

Y la merma económica que les supone es cuantiosa. Este pastor de Santa Engracia del Jubera concreta que, a diario, sus ovejas devoran 200 kilos de pienso y un fardo de paja. Y, por ejemplo, indica que la tonelada (mil kilos) de soja resulta por nada menos que 396 euros y por 192 euros la de cebada. El fardo de paja cuesta 12 euros. Así que muchos ganaderos riojanos se están llevando las manos a la cabeza.

Sin compensaciones

«Personas como yo que acabamos de iniciarnos en el sector llegamos muy apurados a fin de mes», admite Gil, quien critica que pese a que el precio del cereal «ha caído mucho» esto no se ha traducido en un descenso en el importe del pienso. «No ha bajado nada», subraya.

Tampoco pueden compensar los de ovino los mayores costes que les supone esta alimentación con el repunte que ha experimentado el cordero, ya que, según explica Fernández, «hay pocos porque no es tiempo de que las ovejas tengan crías».

Casal lamenta que los perjuicios por sequía no entren en los seguros tipo que contratan los ganaderos. «Van aparte y, como valen tan caros, en la sierra no los solemos suscribir porque normalmente no tenemos estos problemas», apunta. Pero en este 2016 los prados de Lumbreras lucen «amarillos como si estuvieras en cualquier zona del Mediterráneo». La ganadera serrana precisa que una explotación de unas 300 vacas destina 110.000 euros al año a piensos, cantidad a la que habría que sumarle este ejercicio el desembolso de un par de meses más.

Ante esta coyuntura, organizaciones agrarias como ARAG-Asaja han solicitado a la Consejería de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente que habilite ayudas directas o en forma de préstamos bonificados a través de las ayudas de la UE para compensar estos sobrecostes.