La Rioja

AVISAMOS GRÚA

La sombra ominosa del aparcamiento del San Pedro, con la controversia veraniega todavía en ebullición, compareció en el debate del Parlamento tanto de tapadillo (unas pocas líneas en el discurso inaugural de José Ignacio Ceniceros) como materializada ayer en toda su extensión: cada portavoz que acudió a la tribuna le dedicó alguna mención. Al ataque, a la defensiva o navegando entre dos aguas, aunque sin pasar de las palabras a los hechos: pese a lo peculiar del contrato firmado entre la Administración sanitaria y una empresa pública, nadie se anima a visitar los juzgados para preguntar si semejante atropello era legal.

Porque entre las particularidades tan pintorescas que semejante contrato incorporaba, resaltaba una cláusula menor pero significativa: para favorecer que el aparcamiento se ocupara, el Gobierno de La Rioja (entidad autonómica) se reservaba la opción de enviar a la grúa si hallaba vehículos mal estacionados en sus alrededores. La gestión de la grúa municipal figura en manos de la Administración local, de modo que tal medida sólo se entiende revisando el paisaje político previo a las elecciones del año pasado: cuando el PP ejercía un poder tan absoluto que ocupaba esferas que no le correspondían.

En medio del ojo del huracán a cuenta del fallido aparcamiento de pago, quiso el destino situar a Diego Ubis, portavoz del grupo que garantiza la mayoría suficiente al PP y vinculado profesionalmente a la empresa que gestiona el estacionamiento. Ayer, como si quisiera acallar las voces que, incluso dentro de su propia formación, han cuestionado su papel, Ubis se desmelenó. Al menos, enseñó la patita. Con más vehemencia que de costumbre, el portavoz naranja construyó un discurso solvente. No se perdió en naderías, demostró un sólido conocimiento del mejorable ritmo de la acción gubernamental con su denuncia de la parálisis en la Administración y ofreció un tono más presidencial que el propio presidente, a quien por cierto también adelantaron por ese flanco institucional y la habilidad oratoria los demás portavoces: Calvo, Andreu e incluso Arruga.

Ubis exhibió un potencial hasta ahora insólito como eficaz parlamentario. El tiempo dirá si su metaformosis fue flor de un día; lo cierto es que su discurso, endurecido, sonó más creíble. Aunque sólo amagase: ni siquiera en su partido (mucho menos en el PP) se creen que vayan a romper con Ceniceros un año después de contraer matrimonio. «Le cojo la mano», le avisó el presidente. Amoroso epílogo a una sesión acalorada: Arruga acababa de recordar que para fomentar la natalidad «no vale sólo con vivir en pareja». «Hace falta alguna cosita más», bromeó. Así que Ubis dobló la rodilla: «Tenía una cita, pero la dejo para otro día».