La Rioja

EL ESTADO DEL DEBATE

El modelo de debate sobre el estado de la región se inspira vagamente en un precedente al más alto nivel: el llamado discurso sobre el estado de la Unión, que anualmente convoca en el Congreso de Estados Unidos al titular de la Casa Blanca para desvelar ante las más altas instituciones de su país, y de paso ante la opinión pública y la publicada, sus previsiones, jerarquías y objetivos para el año político en curso. Un modelo que luego han ido clonando otras democracias occidentales, con especial entusiasmo en España, donde no sólo se celebra una sesión semejante ante las Cortes, sino que regiones y ayuntamientos organizan su propio debate, con liturgias similares: cada gobierno se impone las preceptivas medallas y cada oposición se turna en abuchearle.

Algo semejante ocurrirá durante dos días en el Parlamento de La Rioja, con alguna particularidad: se trata de la primera ocasión en que el actual presidente se somete a un trámite semejante. Otra diferencia: por primera vez en veinte años, el PP carece de mayoría absoluta. Así que el pleno de hoy despedirá el guión seguido hasta ahora, cuando al menos el debate servía para que el Gobierno desvelara sus prioridades, diera las instrucciones correspondientes a cada escalafón de la Administración, los distintos responsables gubernamentales se pusieran en posición de firmes, empezara a fluir la maquinaria burocrática con oxígeno fresco... El jefe pasaba revista de los deberes impuestos el año anterior y señalaba hacia dónde debía dirigirse el renovado impulso. Pero en el actual panorama político, incluso ese trámite parece en vías de extinción. Porque la mayoría relativa impone que el Gobierno vea amputada su autonomía y deba someter a la consideración de sus socios parlamentarios (Ciudadanos) su estrategia. En el fondo y en la forma, José Ignacio Ceniceros deberá explorar los territorios donde coincidan sus opiniones con el dictamen de la oposición, poner su programa político de máximos en el congelador y esperar noticias de amigos y enemigos.

Perdida la iniciativa, el Gobierno se resigna a comparecer en el exconvento de La Merced más pendiente de calibrar el estado del debate que de indagar sobre el estado de la región. Deberá en consecuencia exprimir su capacidad para alcanzar consensos con sus rivales parlamentarios antes que trazar cualquier idea condenada a ser incumplida si no recaba apoyos más allá de los propios. A semejante intención obedece la ronda previa de reuniones que condujo la pasada semana hasta el Palacete a los portavoces parlamentarios. Ceniceros les confió, en un gesto insólito, sus intenciones para la doble sesión que arranca esta mañana, con una gavilla de propuestas en estado tan gaseoso que evitan cualquier asomo de confrontación. Ilustrativa manera de encauzar el debate, poniendo la pelota, o una jugosa parte de ella, en el tejado ajeno. Un inteligente ardid que Ceniceros acompaña de una generosa dosis de ingenuidad: el presidente prometió en esas reuniones con los portavoces un debate «útil y comprensible» para la ciudadanía. Es decir, que en realidad anuncia que hará magia. Este martes, milagro. Le ayudará su experiencia reciente: cómo convertir un aparcamiento en gratuito y de pago al mismo tiempo. Colleja incluida al Gobierno anterior.