La Rioja

Algo se mueve

Dos miembros de La Barranca cambian simbólicamente el nombre de la calle dedicada al general Primo de Rivera. :: justo rodríguez
Dos miembros de La Barranca cambian simbólicamente el nombre de la calle dedicada al general Primo de Rivera. :: justo rodríguez
  • «Nunca confundas movimiento con acción»

Ernest Hemingway

Durante las pasadas navidades, la alcaldesa Gamarra recorrió con un grupo de reconocidos militantes del PP la sala de exposiciones del Ayuntamiento, de cuyos muros colgaba una muy interesante muestra de imágenes antiguas. El legado fotográfico del doctor Loyola se exhibía de nuevo en Logroño, con especial atención a las instantáneas que retrataban la vida durante la posguerra en una ciudad del interior de España. Una ocasión inmejorable por lo tanto para que aflorase durante la visita la controversia que por entonces arreciaba en torno al cambio del nombre de calles de denominación profundamente franquista: diecisiete de ellas esperaban en Logroño a ser rebautizadas, según criterios discutibles, pero completamente legales. Porque lo esencial no admitía discusión alguna: el obligado cumplimiento de la ley. De la Ley de Memoria Histórica. También estaba en juego el sentido común: así como podía tener sentido mantener el nombre de algunas calles de ese bochornoso listado, como la dedicada al político Calvo Sotelo (culpable al parecer de haberse dejado asesinar por pistoleros de izquierdas en los días previos a la Guerra Civil), persistir en el recuerdo oprobioso del llamado carnicero de Badajoz, aquel criminal llamado general Yagüe que da nombre a un barrio entero, parece impropio de sociedades que se dicen civilizadas.

Esa charla navideña de Gamarra con una seleccionada representación de los suyos, que tienen puestas en ella todas sus complacencias, resumía el estado de nerviosismo, o de indisimulado disgusto, que en ciertos sectores del PP desata la mención al cambio de calles. Se entenderá por lo tanto que la tímida decisión adoptada esta semana, con alguna maniobra al menos chocante (como el extravagante cambio de un Calvo Sotelo, don José, por otro: don Leopoldo), represente un auténtico cataclismo en ese ala del PP que observa semejantes movimientos con grave preocupación. Así que se podrá objetar que la Ley de Memoria Histórica sigue sin cumplirse en su totalidad; alegar que el método elegido para el cambio de calles resulta mejorable; subrayar que continúan otros dolorosos recordatorios de la misma índole en el callejero logroñés (qué pinta por ejemplo Primo de Rivera). Aceptar en definitiva que la medida recién adoptada es insuficiente, por supuesto. Y desde luego tardía e incompleta. Pero también deberán reconocer incluso los más críticos con el PP en esta y otras cuestiones que se trata de pasos en la dirección correcta, aunque incipientes. Y que sólo los resultados electorales del año pasado ayudan a entender el nuevo clima creado en la política riojana: a falta de mayorías absolutas, surge la obligación de entender al contrario.

De modo que algo se mueve. Al menos en el PP. Porque durante la misma semana desde el Gobierno regional se escenificó una pirueta semejante, que en las formas siguió la misma tendencia. Por sorpresa, sin comparecencia de sus responsables para justificar las razones de fondo, la Consejería de Salud rectificó su anunciada pretensión de imponer el pago en el célebre aparcamiento del San Pedro hasta ahora gratuito, concedió por lo tanto a la oposición una victoria aunque fuera por la mínima y confirmó que el monolitismo que gobernaba la región durante las dos décadas de poder omnímodo de Pedro Sanz pertenece a la historia. No obstante, todavía se observan algunos viejos tics. La propensión a negar que se rectifica cuando de hecho se está rectificando es uno de ellos. Y otra acusada tendencia: huir de las explicaciones. Evitar comparecer ante la opinión pública en sede gubernamental o parlamentaria, someterse en consecuencia al escrutinio de los medios y ofrecer una detallada argumentación de por qué se hace lo que se hace. Con dinero público, por cierto.

En privado, desde el Ayuntamiento se recuerda que el cambio de nombre de calles responde a un sincero impulso por restañar heridas. A juicio de las distintas fuentes consultadas, la decisión obedece a la idea de imponer cierto «sentido común»... adaptado sin embargo a un calendario misteriosamente secreto: el resto del nomenclátor podrá esperar a unos tiempos que gestionará la propia alcaldesa según su criterio. «No se trata de volver loco al personal ni de contribuir al circo político», advierten las mismas fuentes, quienes recuerdan la contestación social que observa esta medida entre sectores del comercio y del vecindario afectado. De paso, lanzan algún dardo a sus antecesores, el bipartito PSOE-PR, a quienes el cambio de calles se les debió traspapelar durante su mandato. «Ha tenido que ser una alcaldesa del PP, qué casualidad, la que devolviera a La Barranca el mapa de la plaza de toros y ahora promueva el cambio de calles», se maravillan con alguna ironía.

Y desde el Gobierno, una versión similar. También a la Consejería de Salud le pilló con el pie cambiado la polémica suscitada a cuenta del aparcamiento gratuito, sus responsables debieron igualmente adaptar su discurso a la contestación ciudadana y luego fueron moviéndose en la dirección habitual desde que el año pasado el PP perdiera su mayoría absoluta: auscultando los nuevos vientos que soplan por el Parlamento. Dos trayectorias paralelas en sendas cuestiones sin embargo menores: será curioso contemplar si también algo se mueve cuando llegue el momento de votar los Presupuestos. Los de Logroño y los de La Rioja. De momento, en el Gobierno regional ya tienen servido el aperitivo: la comisión de investigación sobre el CIBIR, que se suma a la aprobada en torno a Caja Rioja. ¿Votará el PP a favor de desnudar los contratos de la Consejería? Una incógnita sin despejar. Como lo está otra duda: por qué esa petición para indagar en los arcanos de Salud se limita al aparcamiento y no trasciende a otros ámbitos de la gestión sanitaria.

Porque pudiera ser que el Gobierno acabara moviéndose más que la oposición.