La Rioja

Escultor de paciencia

Fermín Martínez, con dos de sus creaciones, la torre de Pisa y el Taj Mahal. :: díaz uriel
Fermín Martínez, con dos de sus creaciones, la torre de Pisa y el Taj Mahal. :: díaz uriel
  • Fermín Martínez Elabora maquetas con palillos

Conocido por todos es el uso de los palillos. La RAE en su segunda acepción lo define como «mondadientes de madera». Pero sus usos no acaban ahí. Bien lo sabe Fermín, vecino de Lardero. Desde hace casi quince años utiliza este material para elaborar singulares maquetas en las que reproduce grandes monumentos. «Todo empezó con una apuesta con mi mujer. Me preguntó si me atrevía a construir el antiguo quiosco de Lardero con madera y acepté el reto pero usando palillos de dientes que me parecía más difícil», confiesa.

En la actualidad posee cinco esculturas diferentes, algunas de ellas tan significativas como la torre de Pisa o el Taj Mahal. Cada una de ellas tiene una media de 30.000 palillos y un gran tamaño. La escultura de la torre italiana sobrepasa el metro veinte de altura y el Taj Mahal mide un metro de ancho por un metro de alto. Pero lo que a Fermín realmente le gusta es construir figuras representativas de su pueblo. En su casa pueden observarse la iglesia y la ermita de Lardero.

Se trata de un trabajo muy laborioso al que dedica los ratos libres y horas muertas que le deja su trabajo. En cada una de sus reproducciones invierte aproximadamente dos años y medio, siempre fuera del horario laboral. Fermín es dueño de una carrocería en Lardero, «un oficio muy estresante», apunta. Cuando llega a casa cada noche le gusta encerrarse en una habitación con música de los años 70 y rodearse de palillos. «Aunque parezca un hobby difícil que puede sacar de quicio a muchas personas, a mi realmente me relaja. Es mi forma de desconectar de los problemas que he podido tener en el trabajo», asegura.

No es fácil ni barato conseguir tal cantidad de palillos. «Tanto el pegamento como los palillos los compro al por mayor. Los palillos los adquiero en un complejo hostelero que hay en Logroño. Aunque lo más caro debo confesar que es el pegamento», afirma. En cada escultura invierte unos 500 euros. En los palillos, que aunque parezca mentira son como los que se encuentran en todos los hogares españoles, se gasta unos 150 euros en cada escultura, mientras que el precio del pegamento asciende a más del doble.

«Mi familia sigue pensando que estoy loco quince años después», relata entre risas. Su 'locura' no se debe únicamente a las figuras con palillos de dientes. El trabajo y la escultura le dejan tiempo para más aficiones, cada cual más peculiar. «También me dedico a la cría de pájaros y a coleccionar coches antiguos. Tengo siete, cada uno con unos seis metros de largo», confiesa.