La Rioja

El hombre que susurraba a las barricas

Vicente Cebrián, ayer en su despacho de Madrid. ::
Vicente Cebrián, ayer en su despacho de Madrid. :: / NEWS PHOTOPRESS
  • Murrieta lanzará la semana próxima su 'nuevo' Castillo de Ygay de 1986, el primer vino blanco de España que logra los codiciados '100 puntos Parker'

  • Vicente Cebrián Presidente de Marqués de Murrieta

¿Me dice que habla con los vinos? «Por supuesto, lo hacemos diariamente: te dicen el tiempo que necesitan en barrica, cuándo precisan ser embotellados... y con éste, especialmente, hemos hablado durante muchos años». Vicente Cebrián Sagarriga, presidente de Marqués de Murrieta, asegura ser un hombre «muy feliz» tras conocer al miércoles por la noche que Luis Gutiérrez, el 'hombre Parker' de los vinos españoles, había dado cien puntos a un vino español: es un Murrieta, un Castillo de Ygay que, además, es blanco. «Por todos los lados la noticia es maravillosa, para nosotros por supuesto, pero también para España y para Rioja porque hablamos de un vino blanco y nunca antes un blanco español había alcanzado tal puntuación de la revista más influyente del mundo».

El momento, también el más oportuno: «El vino, después de 30 años en la bodega, sale al mercado la semana que viene y vamos a presentarlo en Nueva York con una cata muy especial el 21 de octubre; luego seguiremos por San Francisco, Los Ángeles... y ya para el año que viene en España». El vino, desde luego, tiene entidad y personalidad propia: ha permanecido 21 años en barrica, 6 años en hormigón y otros tres en botella, algo al alcance únicamente de bodegas históricas como Murrieta, cuya primera cosecha data de 1852.

La añada 1986 es asimismo muy especial sentimentalmente para el propio Vicente Cebrián: «Mi padre adquirió Marqués de Murrieta en 1983, pero realmente vinimos a vivir precisamente al Castillo de Ygay en 1986, así que, sí, para mí es un vino muy importante como lo es también para nuestra directora técnica, María Vargas, que tiene mucho que ver con este Castillo de Ygay».

La fe de Vicente Cebrián en el vino es ciega: «Luis Gutiérrez no entendió cuando le dijimos que saldría al mercado a un precio de 700 dólares (más de 600 euros) y también otras personas cercanas piensan si nos hemos vuelto locos», recuerda. «Pero lo tenemos claro, debemos aspirar a elaborar vinos grandiosos en Rioja, sin complejos, así que decidimos que el precio debíamos ponerlo nosotros porque creemos en el vino y en la bodega».

Más allá de la asegurada calidad del vino, la exclusividad de 8.000 botellas que han 'crecido' durante 30 años en la bodega y de la propia marca Castillo de Ygay auguran un buen porvenir a la apuesta aun con su precio: «Marqués de Murrieta, en 165 años de historia, únicamente ha embotellado trece cosechas Castillo de Ygay Blanco con el de 1986». «Es un vino que se elabora sólo en añadas muy, muy especiales y, de hecho, hay varias cosechas que se proyectaron y nos las 'bebimos' en la bodega porque no daban la talla: el vino es un riesgo absoluto pero cuando sale...».

El próximo proyecto es el Castillo de Ygay blanco de 1998: «Estamos encantados, pero... aún le queda mucha crianza por delante y veremos si sale al mercado», avanza Cebrián.

Otros dos cien puntos

Lo cierto es que Luis Gutiérrez no ha dado un único 'cien' al Castillo de Ygay de Murrieta: «Conocía la existencia de este vino que guardábamos en bodega y nos pidió catarlo; le propusimos hacerlo con otras doce añadas históricas de Castillo de Ygay blanco». El resultado no pudo ser mejor: Gutiérrez se 'entregó' y concedió otros dos cien puntos en las añadas 1919 y 1932, aunque en estos casos lo que queda de aquellos vinos no está ni estará en el mercado. «Obtener tres vinos cien puntos es algo único en la historia de cualquier bodega del mundo y supone el refrendo a toda nuestra trayectoria más que centenaria; la verdad es que no puedo más que agradecer a Luis haber entendido y haberse emocionado con estos vinos tan especiales».

Cebrián no oculta el orgullo de mantener el carácter de bodega familiar en Murrieta: «Los grandes vinos del mundo siempre los hacen familias; el vino se relaciona mucho mejor con una familia que con un consejo de administración de una compañía».