La Rioja

La bioética y los principios de no maleficencia, beneficencia y justicia

Imagen de una de las fachadas del Hospital San Pedro, en Logroño. :: justo rodríguez
Imagen de una de las fachadas del Hospital San Pedro, en Logroño. :: justo rodríguez

El Comité Asistencial de Ética, el órgano de asesoramiento a los profesionales en su relación clínica con los pacientes y los familiares, se rige por los principios de la bioética, es decir, el de no maleficencia, el de beneficencia y el de justicia que, en la sanidad pública significa que los recursos existentes están disponibles para todo el mundo. Principios que en ocasiones chocan con el de autonomía del paciente que es quien, a la postre, tiene la última palabra. Así lo sintetiza el secretario del Comité de Ética del Hospital San Pedro, Manuel Olivares.

La misión del CAE no sólo se circunscribe a la elaboración de recomendaciones sobre ciertos casos que hayan sido deliberados previamente a puerta cerrada, también tiene que ver con la formación de los profesionales. Aunque ahora la bioética es objeto de estudio en las universidades, hasta hace poco no era así y el comité se dedicaba no sólo a asesorar, sino también a formar.

El comité, que se reúne cada mes, salvo en verano, y está abierto a reuniones extraordinarias, también analiza casos ficticios como método de preparación y debate ante diferentes situaciones con las que se pueden encontrar.

Además, analiza los posibles modelos de consentimiento informado, es decir, los documentos que se presentan a los pacientes antes de, por ejemplo, ser intervenidos quirúrgicamente. El CAE es el encargado de dar el visto bueno al texto, que debe incluir información clara acorde a la capacidad del paciente, tiene que describir las complicaciones graves y menos frecuentes y, por supuesto, las menos graves pero más frecuentes. También debe constar si existen técnicas alternativas y finalmente un espacio para la firma del paciente que da su consentimiento. Tras este debe aparecer la posibilidad de revocar el mencionado consentimiento. Es decir, se ofrece la posibilidad de que el paciente dé marcha atrás en su decisión.

El documento, según explica Olivares, «no obedece a una técnica defensiva de los profesionales, sino a poner en práctica el principio de autonomía del paciente». Si existiese una mala praxis, la firma del consentimiento no exime de que los familiares o el paciente emprendan las acciones que consideren oportunas contra el profesional.