La Rioja

Al cuidado de ancianos y niños

Al cuidado de ancianos y niños
  • Un recuerdo a las Hijas de la Caridad de Cervera, que dejan el 'Hospital' tras 124 años

Las religiosas de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl forman parte de la historia de Cervera del Río Alhama y han dirigido durante 124 años la residencia de ancianos 'Fundación Hospital de la Purísima Concepción y de don Felipe Ochoa' conocida por todos los vecinos como el 'Hospital'.

Los tiempos cambian, las vocaciones van a menos y la avanzada edad de las monjas han provocado que la congregación decidiese dejar el servicio (continúa pero sin las hermanas), una medida que se ha llevado a efecto en el mes de septiembre. En los dos últimos años ni siquiera ejercían la dirección del centro y estaban como voluntarias y colaboradoras.

En la web de las Hijas de la Caridad relatan que la idea de construir el 'Hospital' partió del párroco Buenaventura Bea Martínez en el año 1888. «Tenía diez mil reales 'para empezar' y un matrimonio de Cervera, Andrés Martínez y Severiana Zatorre, fueron su principal apoyo moral y económico».

Una vez finalizadas las obras, el edificio fue donado al municipio y el Ayuntamiento, con su alcalde Teodoro Magaña al frente y los ediles, lo aceptaron el 31 diciembre de 1890. El 25 de octubre de 1891 solicitaron a las Hijas de la Caridad que se pusiesen al frente.

Otra fecha importante fue la de 1934. El asilo Felipe Ochoa de Valverde se encontraba en ruina y pidió al recinto cerverano que acogiese a sus residentes, aportando sus ingresos y bienes. Ambas entidades se fusionaron en un único patronato que dirige desde entonces la fundación.

Además de la atención a los ancianos, las monjas realizaron una tarea como educadoras de los niños y niñas. Las instalaciones también funcionaron como escuela desde sus inicios a finales del siglo XIX y hasta los años 70.

Josefina Berdonces Navarro estudió allí desde los tres años hasta los quince. En infantil iban a clase chavales y chavalas juntos y luego se dividían entre niños y niñas. Recuerda que durante la Guerra Civil utilizaron las aulas de la parte de arriba del recinto para atender a los soldados que habían sufrido congelación. Por entonces el ''Hospital' tenía una clínica, huerta, corral con una enorme conejera y vacas cuya leche vendían en el pueblo. En mitad del patio había un estanque con peces.

Inmaculada Jiménez Sáenz salió a los diez años para seguir sus estudios en el instituto. Otras continuaban en el 'Hospital', donde aprendían labores, taquigrafía y mecanografía.