La Rioja

Matadero 232

«Estoy harto de fotografiar muertos». La frase, ayer en Twitter, es de mi compañero Ernesto Pascual. Ernesto es el corresponsal de esta casa en Arnedo y Alfaro. Vive allí. Lleva, pues, toda la vida pisando la N-232 cada día, para ir y volver a casi todas partes.

Y también, de vez en cuando, le toca una de las tareas más puñeteras que te pueden caer en esta profesión: coger los bártulos, la cámara y salir a un accidente, casi siempre en esa 232. Salir a informar, que es lo suyo, de que una, dos o tres personas se han dejado la vida en un segundo. Muchas veces vecinos de La Rioja Baja, gente a la que quizá conocía.

En eso Ernesto no está solo. Casi todo el mundo en La Rioja conoce, aunque sea de oídas, a alguien que ha tenido allí un accidente, un susto, que ha librado por poco o que, peor, no ha librado en absoluto.

Porque aquí somos pocos, porque nos conocemos y porque, en fin, llevamos décadas matándonos en esa jodida carretera. Y no paramos de hacerlo: en este verano son ya siete las personas que han muerto en la nacional 232.

Cada accidente es un mundo. En muchos hay imprudencia, en otros mala suerte y en algunos jamás sabremos qué pasó. Pero cada vez que alguien se deja la vida en esa vía en concreto me acuerdo de algo que, creo, no nos cabrea lo suficiente a los riojanos: que paralela a esa carretera de mierda llena de camiones va una autopista vacía.

A mí al menos me saca de mis casillas pensar que, sin una decisión del gobierno Aznar de 2000, la AP68 hubiera sido libre en el 2011. Pero basta de recordar y lamentar. Quizá es el momento de hacer algo.

«¿Alguien tendrá voluntad de darnos una solución?», se preguntaba ayer Ernesto, mientras escribía la crónica de unas páginas más allá. Buena pregunta. Hagámonosla todos. Aunque sólo sea en nombre de todos los que cada día pisan ese matadero que es la N-232.