La Rioja

«La concienciación está creciendo, y es una forma de que la ética esté en la calle»

La filósofa valenciana Adela Cortina, catedrática de Ética en la Universidad de Valencia. :: L.R.
La filósofa valenciana Adela Cortina, catedrática de Ética en la Universidad de Valencia. :: L.R.
  • El XXIV Encuentro de la Asociación Alexander Von Humboldt contará hoy con la presencia de la filósofa valenciana en la Universidad de La Rioja

  • Adela Cortina Filósofa y catedrática de Ética de la UV

Catedrática de Ética de la Universidad de Valencia, directora de la Fundación Ética de los Negocios y las Organizaciones, galardonada con el Premio Internacional de Ensayo Jovellanos 2007... La filósofa Adela Cortina (Valencia, 1947) participa hoy en el XXIV Encuentro de la Asociación Alexander Von Humboldt de España que se celebra en la Universidad de La Rioja con el tema 'El comportamiento ético en la economía y en la sociedad', reuniendo a todos los que han recibido una beca Humboldt en España. Cortina interviene a las 10 horas en el Aula Magna del Edificio Quintiliano con la conferencia 'Ética pública: una propuesta prudente y justa'.

¿Qué supuso para usted obtener la Beca Humboldt, una de las más prestigiosas a nivel mundial?

El día que recibí la noticia de la concesión, una enorme alegría, porque la beca goza, en efecto, de un bien merecido reconocimiento internacional. Y en el desarrollo de mi trabajo intelectual ha supuesto un impulso extraordinario. Me permitió trabajar en una investigación en Francfort con Karl-Otto Apel y Jürgen Habermas, contactar con los profesores que trabajaban en la línea de la ética dialógica creada por ellos, integrarme en ese grupo al que sigo perteneciendo de forma activa y regresar a Alemania con estancias más breves para desarrollar trabajos de investigación.

Humboldt defendía la investigación, necesaria pero cada vez más precaria en España. ¿Qué opina de esta situación actual?

Que es letal para nuestro país. La investigación es esencial para el desarrollo cultural de una sociedad y también para su desarrollo productivo, pero además daña a las personas que tienen una buena capacidad investigadora y tienen que marcharse a otros países, en ese éxodo doloroso para ellas y que reduce enormemente nuestro 'capital intelectual'. Como se ha dicho hasta la saciedad, debería sellarse un pacto de Estado comprometido con el desarrollo de la investigación como un bien público.

El encuentro que se celebra en Logroño tiene como tema central 'El comportamiento ético en la Economía y la Sociedad'. ¿Cree que existe suficiente ética en la economía actual?

No, ni tampoco en la política ni en muchos otros lugares. Si la economía hubiera tomado en serio que su meta debe consistir en ayudar a crear buenas sociedades, no se producirían crisis de una intensidad que genera desempleo, pobreza y aumento de la desigualdad. Es lo que trabajamos hasta la saciedad en nuestra Fundación ÉTNOR («para la ética de los negocios y las organizaciones»). Y si la política aceptara que debe estar al servicio del bien común, hablaríamos de cosas más importantes que las disputas entre los partidos, las discusiones entre los líderes, su agotador afán de protagonismo para conseguir unos votos. Y tampoco tendríamos que hablar de corrupción y tantas lacras más. Podríamos centrarnos en acabar con el desempleo, erradicar la pobreza y el hambre, y la investigación, la sanidad y la cultura, cosas todas ellas prioritarias.

Con respecto a la sociedad, ¿considera que se inculca suficiente o correctamente la ética?

Debería de existir una asignatura de Ética obligatoria para todos los alumnos, como la ha habido durante años, en la que se tratara sobre los valores que comparte una sociedad democrática y pluralista como la nuestra y que conforman una ética cívica: libertad, igualdad, solidaridad, respeto y tantos más. Pero explicando bien los fundamentos filosóficos de esos valores y su aplicación a la vida cotidiana.

Usted hablará en el encuentro de hoy sobre 'Ética pública: una propuesta prudente y justa'. ¿Cuál es, a grandes rasgos, su propuesta?

Precisamente que la política, la economía y las demás instituciones de la sociedad civil, si son inteligentes, han de vivir éticamente, porque resulta más rentable hacerlo, en el amplio sentido de la palabra 'rentabilidad'. Y, además, eso es lo justo y lo que es justo es irrenunciable.

La ética, como la religión o las creencias, es libre, por tanto, ¿cómo dilucidar cuál es la ética correcta?

Libertad no significa arbitrariedad. Si en la ética distinguiéramos dos lados, justicia y felicidad, lo justo es exigible, y entre los modelos de felicidad los hay mejores y peores, como muestra la experiencia.

Parece que ahora estamos todos más concienciados, paradójicamente, gracias a la crisis. ¿Eso favorece la mejora de la ética?

Sí, efectivamente, la concienciación está creciendo en las profesiones, en el compromiso ciudadano, en las universidades, y esa es una forma de que la ética esté en la calle.