
Erika Villaécija, durante la prueba. / AFP
Quinta en Atenas 2004 en los 800 libres y sexta en el relevo de 4x200, Erika Villaécija conquistó este jueves su tercer diploma olímpico, en este caso en la prueba de la maratón de 10 kilómetros en aguas abiertas, distancia en la que debutaba en unos Juegos.
Tras quedar décima en el 800 libres de la semana pasada, la catalana se conjuró para tratar de aprovechar su segunda oportunidad en sus terceras olimpiadas y hacer realidad su sueño de subir al podio en unos Juegos Olímpicos. No pudo ser. Le faltó fondo y ritmo de carrera. Su estrategia era clara: entrar bien colocada en el kilómetro final de la prueba para intentar imponer en el sprint su mayor velocidad. Frente a nadadoras de larga distancia, mucho más ‘diésel’ que ella, Villaécija, que es fondista, pero siempre ha dado muy buenas prestaciones en los 200, se sentía fuerte como para tratar de jugársela en la volata. Pero la carrera no salió como ella esperaba. Le interesaba una prueba lenta, para aguantar a rueda y salió todo lo contrario.
El trazado que discurría por el lago 'The Serpentine', en Hyde Park, estaba compuesto por un circuito al que las 24 nadadoras en liza tenían que dar seis vueltas. Más o menos, de una milla cada parcial. La catalana del CN Sant Andreu se metió en el pelotón de cabeza en las dos primeras vueltas, pero a partir de la tercera, en torno a poco antes de la mitad de la prueba, las cinco líderes de la maratón empezaron a acelerar su brazada y Erika no pudo seguirlas. Se había marcado un ritmo de algo menos de 20 minutos por vuelta, aunque no fue suficiente: las de arriba tiraban más fuerte y en cada vuelta le sacaban entre dos y 5 segundos.
En la primera vuelta la australiana marcó el ritmo, pero fue a partir de la segunda, cuando la húngara Eva Risztov tomó la delantera y ya no la abandonó nunca. Junto a la magiar, que se proclamó campeona olímpica, se escaparon entre la segunda y le tercera vuelta la italiana Grimaldi, la americana Anderson, la británica Payne y la alemana Maurer. En el ecuador de la prueba le metieron ocho segundos a la nadadora española, que nadaba en un segundo grupo a una distancia que no era infranqueable. En el penúltimo giro, esa desventaja se disparó a 17 segundos y fue ahí cuando la catalana sufrió todo un calvario, ya que en la última vuelta cedió más de un minuto respecto a las primeras para completar una marca final de 1 hora 58 minutos y 59 segundos. El objetivo de las medallas se le había esfumado mucho antes y bastante tuvo con aguantar la octava plaza, que le aseguró el diploma, el tercero de su carrera, y mejora la décima posición de los pasados campeonatos del mundo de Shangai. La maratón es una prueba muy dura, porque no sólo hay que ‘tragarse’ los 10.000 metros de distancia, sino que además hay que saber nadar y encajar codazos y patadas, algo que sólo se aprende con experiencia, justo lo que no tiene Erika en esta prueba. Acompañaron a la húngara en el podio, Anderson, segunda, y Grimaldi, tercera.