Vuelve la retórica de la Guerra Fría

Manifestación pacifista en Berlín durante la cumbre. :: r. c./
Manifestación pacifista en Berlín durante la cumbre. :: r. c.

La Conferencia de Seguridad que se celebra en Múnich muestra la vieja división en bloques enfrentados

JUAN CARLOS BARRENA BERLÍN.

Con Rusia temerosa del retorno del fascismo a Europa, Estados Unidos acusando a Moscú de desestabilización y Alemania advirtiendo de que el mundo se encuentra al borde del abismo, la Conferencia de Seguridad de Múnich recuperó ayer la retórica de la Guerra Fría y la vieja división del planeta en bloques enfrentados.

Que el enemigo se encuentra al Este lo dejó bien claro en su intervención el ex vicepresidente estadounidense Joe Biden, el que fuera brazo derecho de Barack Obama. «Hoy en día el Kremlin y Putin hacen todo lo posible para destruir el orden mundial liberal, debilitar a la OTAN, socavar las democracias occidentales y acabar con la sociedad transatlántica», dijo Biden ante el pleno de la conferencia, a la que asisten una treintena de jefes de Estado y Gobierno, docenas de ministros de Defensa y Exteriores y numerosos expertos en política de seguridad de todo el mundo.

En parecidos términos se expresó el general Herbert Raymond McMaster, consejero de seguridad nacional del presidente norteamericano, Donald Trump, quien apuntó directamente a Moscú cuando se refirió a «fuerzas revisionistas» que orquestan sistemáticamente campañas de desinformación y espionaje. McMaster fue más claro aún cuando un senador ruso acusó a Estados Unidos de realizar ciberataques contra Rusia, que al parecer han sido registrados por expertos informáticos de su país. El asesor de Trump se mostró sorprendido de que Rusia dispusiera de tales expertos para realizar ese tipo de estudios, cuando todos se dedican en realidad a atacar a las democracias occidentales. Es más, McMaster afirmó que «existen pruebas irrefutables» de la «indiscutible» injerecia rusa en las últimas presidenciales en EE UU, como figura en el informe sobre el caso presentado ayer en Washington por el FBI.

Pese a que hasta ahora Trump ha calificado las acusaciones contra el Kremlin de cuento de los demócratas y ha criticado la actuación del investigador especial del FBI, Robert S. Müller, su propio asesor de seguridad nacional se alineó con éste último en la capital bávara y se refirió a una amplia conspiración rusa organizada bajo el código 'Proyecto traductor' con el objetivo último de evitar que Hillary Clinton llegara a la Casa Blanca y que lo consiguiera el representante de los republicanos. Algo que para el veterano jefe de la diplomacia rusa, Sergei Lavrov, no es más que «pura especulación», a la vez que acusó a Occidente -«incapaz de encontrar la vía del término medio»- del empeoramiento de sus relaciones con Moscú.

Lavrov advirtió contra un nuevo fascismo que se afianza en Europa, denunció las marchas neonazis y el alza de la ultraderecha. «Todos deberíamos saber a qué conduce eso», comentó el titular ruso de Exteriores, quien aseguró que su país solo aspira a ser tratado como un socio entre iguales y está dispuesto «al diálogo con la Unión Europea, que debería ser a su vez la base para nuestras relaciones con Estados Unidos». Pero Lavrov justificó de nuevo la intervención de Rusia en Ucrania y la anexión de Crimea, así como su apoyo al régimen del dictador sirio Bachar al Asad.

Vegetarianos y carnívoros

Anteriormente, su colega alemán, el socialdemócrata Sigmar Gabriel, había situado al mundo al borde del precipicio. «La previsibilidad y la fiabilidad son actualmente los bienes que más escasean en la política internacional», dijo Gabriel, quien urgió a la UE a asumir mayores responsabilidades en el mundo, si es necesario hasta la intervención militar ante el retroceso del papel de EE UU y el creciente rol de China, un país con otros valores que Occidente. «Como únicos vegetarianos lo vamos a tener condenadamente mal en este mundo de carnívoros», advirtió Gabriel a sus socios europeos.

Además, subrayó que «se está produciendo un desplazamiento del orden mundial de consecuencias impredecibles» ante las aspiraciones chinas de convertirse en primera potencia del planeta. «Para nosotros, europeos, tiene que quedar claro que para defender en el mundo del mañana nuestros valores, bienestar y seguridad, debemos mantenernos unidos», señaló Gabriel, para el que «nadie debe tratar de dividir la UE, ni China, ni Rusia, pero tampoco Estados Unidos».

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